La decisión del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de reducir las tasas de interés de política monetaria impactó en una de las principales alternativas de ahorro elegida por los argentinos: el plazo fijo tradicional.

En ese contexto las herramientas atadas a la inflación, como los plazos fijos UVA, siguen generando atractivos para los ahorristas que buscan tener una rentabilidad con sus depósitos en pesos. En cambio, se convirtieron en un dolor de cabeza para los bancos, que presionaron para cancelar esa opción. Sin embargo, sólo lograron que el BCRA tomara medidas para intentar desalentar su uso.

Los plazos fijos UVA son instrumentos que protegen a los ahorros de la marcha récord del nivel general de precios. Se pueden confeccionar fácilmente y son elegidos por los inversores porque pagan una tasa fija de 1% más el ajuste por inflación.

Eso hace que sean más atractivos que el plazo fijo tradicional, que actualmente ofrece un rendimiento inferior al 6% mensual frente a un alza de precios que en febrero superó el 13%.

Por ejemplo, aquellos ahorristas que pudieron armar plazos fijos UVA a 90 días antes de la decisión del BCRA de extender el plazo mínimo de colocación cobraron, en los últimos días, rendimientos por encima del 70% en términos de dólares (porque la inflación voló pero la moneda estadounidense se mantuvo planchada).

Qué son los plazos fijo UVA

Hay que tener en cuenta que el importe depositado en Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se ajusta por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que refleja el índice de precios al consumidor. Los montos son actualizados e informados diariamente en el sitio web del BCRA.

A fines del año pasado, el Directorio del Banco Central dispuso extender de 90 a 180 días el plazo mínimo para los plazos fijos UVA para personas físicas, con opción de precancelación a partir de los 30 días. También estableció que las entidades financieras los deberán ofrecer por un monto de hasta $5 millones por cliente, pudiendo aceptarlas por importes superiores.

De este modo, el BCRA respondió a un pedido concreto de los bancos para limitar el crecimiento del stock de los plazos fijos en UVA, que sólo en diciembre aumentó 86% en el sector privado.

Las entidades solicitaron cancelar el instrumento, pero el Central optó por desalentar su utilización aumentando el plazo mínimo de colocación de 90 a 180 días. Es decir que las personas físicas deberán aguardar ese periodo de tiempo para disponer nuevamente de su dinero (aunque tienen la opción de precancelación a partir de los 30 días)

Seis meses en la Argentina es un plazo demasiado largo, aún cuando se trate de una herramienta que asegure no perder frente a la inflación, destacan los especialistas. Y agregan: “Las colocaciones promedio de los ahorristas son a 30 días y muy pocos pasan a 90. Menos van a ir a 180”.

La resistencia de los bancos tiene una explicación: los plazos fijos UVA son un mal negocio para ellos no sólo porque deben remunerar al cliente con un interés alto e incierto (la inflación más un 1%). Además, esta herramienta siempre les dejó un margen de ganancia muy bajo.