Este miércoles, tras estar dos meses internado en el Instituto Argentino del Diagnóstico y Tratamiento (IADT) a causa del coronavirus, falleció a sus 70 años Norberto Oyarbide.

El ex juez federal con el récord de pedidos juicios políticos en su contra (47) estuvo envuelto en numerosos escándalos. Pero siempre supo negociar su permanencia en el cargo a cambio de favores para la mayoría de los gobiernos de turno. 

En el 2016, cuando asumió el gobierno de Mauricio Macri, renunció a su cargo luego de 22 años.

En su paso por Tribunales intervino en decenas de casos ligados a la corrupción. El más sobresaliente es, quizás, el sobreseimiento exprés de Néstor y Cristina Kirchner en el 2008 por el aumento de su patrimonio en un 158%, una causa de enriquecimiento ilícito.

También salvó al ex vicepresidente Amado Boudou en la causa por presuntas irregularidades en el manejo de fondos cuando se desempeñó como titular en la Anses y por el canje de bonos de deuda.

Además frenó un allanamiento en plena ejecución a una financiera por pedido de Carlos Liuzzi, la entonces mano derecha del secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Y la historia sigue con la Mafia de los Medicamentos, en donde nunca imputó a Hugo Moyano, así como tampoco lo hizo con Julio De Vido y Hebe de Bonafini en la causa del desvío de fondos del plan de viviendas Sueños Compartidos.

Perfil

Norberto Mario Oyarbide nació el 22 de junio de 1951, en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Era el hijo único del peluquero Gregorio “Toco” Oyarbide y de la telefonista Isidora “la Morocha” del Carmen Portillo, ferviente católica quien tuvo una fuerte influencia sobre el juez hasta que murió.

En su adolescencia viajó para estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Sus vínculos polémicos comenzaron con su mismo ingreso a la Justicia, en donde arrancó como ayudante en un juzgado de instrucción a cargo del entonces juez Roberto Calandra.

Desde esa función, ayudó y se relacionó con los entonces “hombres de la noche de Buenos Aires”, el ex espía de la SIDE Raúl Martins y Carlos Perciavalle. Esos vínculos le permitieron ser nombrado primero fiscal y luego juez. 

A principios de 1994, el entonces secretario Legal y Técnico de la presidencia de Carlos Menem, Carlos Corach, recibió un pedido del titular de la SIDE, Hugo Anzorreguy: nombrar a Oyarbide como juez federal. El presidente había aumentado la cantidad de juzgados federales de 6 a 12 y necesitaban candidatos.

Si bien Corach negó haber recibido un pedido especial de la Policía Federal, en cuya escuela había sido profesor, al poco tiempo Oyarbide mostró algunas diferencias con respecto a sus colegas: su despacho tenía un felpudo en la entrada, cortinas rojas y sillas tapizadas al tono, mientras que en su despacho tenía un retrato de su madre y cuadros de la Virgen del Valle de Salta.

Los escándalos y denuncias

Pero los escándalos no demorarían en llegar: al año de haber sido nombrado como juez federal, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, lo incluyó entre los jueces de la famosa “servilleta de Corach”.

Tres años después de su nombramiento, hubo otro alboroto: el caso de Luciano Garbellano, uno de los promotores de Spartacus (un prostíbulo para hombres que contaba con la protección de Oyarbide). Allí se descubrió un video de clientes, entre los que estaba el ex juez federal eligiendo taxisboys vestidos como gladiadores romanos. 

En ese contexto se dio un torbellino de denuncias, sobre todo el de enriquecimiento ilícito de un juez que comía todos los días en el restaurante La Recova, debajo de la 9 de Julio.

Esta última causa lo puso en la mira. Oyarbide comenzó a ser investigado por el fiscal José María Campagnoli por enriquecimiento ilícito y la entonces diputada de la UCR, Elisa Carrió, empezó a ser su implacable acusador ante el juicio político abierto en la cámara baja.

“Carrió exagera tanto que cree que soy un corrupto desde que era un espermatozoide”, dijo una vez el polémico Oyarbide.

Estuvo 22 meses con licencia médica. Diputados aprobó su juicio político por mayoría. Pero el caso se trabó en el Senado por presiones de los menemistas. El resultado fue 21 votos a favor y 21 en contra, pero hacían falta los dos tercios de los presentes para aprobar la destitución.

Según publica Clarín, después de un retorno con bajo perfil a tribunales, el lunes 12 de agosto de 2002 Oyarbide tomó una medida polémica: unificó las causas por la cuenta bancaria que Menem había ocultado en Suiza y por el supuesto enriquecimiento ilícito de su secretario privado, Ramón Hernández, ex cabo de la policía de La Rioja.

Además, con esa excusa jurídica, separó del caso al fiscal Carlos Stornelli y luego favoreció a sindicalistas peronistas en otra causa, pagando aquel apoyo que lo salvó de la destitución. Así empezó, otra vez, a devolver favores.

En el 2016 comenzaron sus problemas, cuando asumió el gobierno de Mauricio Macri. El entonces ministro de Justicia, Germán Garavano, le pidió la renuncia para evitar un juicio político en el Consejo de la Magistratura. En medio de lágrimas, Oyarbide le preguntó si quería que procesara a Cristina Fernández para seguir, a cambio, en su cargo. Finalmente, renunció.

Después de ese encuentro dejó los Tribunales, luego de 22 años como juez federal. De allí pasó a bailar al ritmo de “La Flor más bella”, en un curso del sindicato de los taxistas y luego a trabajar de panelista en una radio K.

La Justicia descubrió una red de empresas fantasma y cuevas financieras que giran alrededor de su ex novio, Claudio Blanco, en donde se hicieron movimientos financieros millonarios y se compraron autos de alta gama. Todas estas causas y otras se cerraron con la muerte del polémico ex juez federal.