Los primeros indicadores muestran que las finanzas de Argentina volverán a arrojar superávit fiscal, aunque menos de lo que esperado, ya que se alcanzó mediante la licuación de gastos y el freno en el pago de los compromisos devengados.

El superávit primario del primer trimestre se habría ubicado dentro de los parámetros acordados con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por encima de los $3 billones -ya conseguidos entre enero y febrero-, aunque más de la mitad de esto se consiguió mediante la postergación de pagos.

Según la información suministrada por la Tesorería General de la Nación, en febrero el Gobierno incrementó lo que se denomina deuda flotante en $900.421 millones, y así acumuló un total de $1,61 billones.

Estos gastos ya fueron generados, pero no cancelados. Se puede tomar como ejemplo el caso de alguien que consumió algo y recibe la factura, pero no la paga al momento.

Por otra parte, si bien cayó fuerte la recaudación del Gobierno de cerca del 16% en términos reales en el tercer mes del año, desde Casa Rosada estimaron un resultado positivo en las cuentas públicas.