Ahorristas retiraron sus fondos del Silicon Valley Bank lo que aceleró su caída.

El colapso de Silicon Valley Bank es la mayor caída de una entidad bancaria tras la crisis de 2008.

SVB, un prestamista tecnológico clave, cayó en picada después de que sus directivos no lograran recaudar los fondos suficientes para seguir funcionando, cuando necesitaban con urgencia dinero para recuperar su liquidez.

La caída de SVB, que contaba con unos activos de aproximadamente 209.000 millones de dólares y depósitos por un valor aproximado de 175.400 millones de dólares a 31 de diciembre de 2022, es la mayor quiebra bancaria desde la crisis de 2008 y una de las más importantes en la historia de Estados Unidos.

El repentino derrumbe de la entidad con sede en Santa Clara (California, EE.UU.) ha provocado reacciones contradictorias entre los inversores.

Por un lado, quienes ven lo ocurrido como el aviso de una nueva crisis financiera y, por el otro, quienes achacan su debacle a problemas que atañen a la propia compañía y que no se extenderán al sector ni al resto de la economía.

El origen de los problemas del SVB

Prestamista crucial para las empresas en etapa inicial, conocidas como start up, SVB era el socio bancario de casi la mitad de las empresas de tecnología y atención médica respaldadas por firmas estadounidenses que cotizaron en los mercados de valores el año pasado.

SVB había invertido el exceso de liquidez logrado durante la crisis de la covid-19 en Bonos del Tesoro a largo plazo, unos activos que se han visto afectados por la subida de los tipos de interés auspiciada por la Reserva Federal.

Según indica MarketWatch, el banco no se encontraba bien posicionado para afrontar una situación de aumento de tipos de interés y una ralentización del crecimiento de los préstamos.

El banco, centrado en conceder préstamos y captar depósitos de empresas de capital de riesgo, aseguró el pasado 8 de marzo que el gasto de efectivo de los clientes se había mantenido elevado y había seguido aumentando en febrero, lo que provocó “unos depósitos inferiores a los previstos”.

Ante esa situación, el miércoles -de la semana pasada-, la entidad anunció la venta de unos 21.000 millones de dólares en activos de su cartera (bonos), en la que perdió 1.800 millones y tras la que propuso un plan para ejecutar una ampliación de capital de unos 2.250 millones de dólares para compensar dicha pérdida.

El objetivo de SVB, según recogen varios medios especializados, era aumentar sus activos para “aprovechar el potencial de subida de los tipos de interés a corto plazo, bloquear parcialmente los costes de financiación, proteger mejor los ingresos netos por intereses (NII) y el margen neto de intereses (NIM) y mejorar la rentabilidad“.

Pero a la caída provocada por la venta, se sumó el hecho de que varias compañías de asesoramiento de inversión recomendaron a las empresas emergentes que retiraran su capital del banco, lo que reduplicó las presiones sobre la entidad que en la mañana del viernes fue intervenida por el gobierno de Estados Unidos.

Efecto contagio

Su caída, además de desatar la preocupación entre los inversores, ha afectado al resto del sector financiero dentro y fuera de Estados Unidos.

A fines de la semana pasada, varias instituciones financieras se vieron arrastradas, como Signature Bank, First Republic Bank o Western Alliance, y su cotización en bolsa se suspendía debido a sus caídas.

Según The Wall Street Journal, los inversores están castigando a las empresas que han apostado por negocios potencialmente complicados, como PacWest Bancorp.

Tanto este último como First Republic han centrado su cartera de préstamos en el sector inmobiliario y también, en parte, en empresas de capital de riesgo.

Asimismo, el canal especializado CNBC, aseguraba que los inversores están mirando con lupa a las instituciones que, como el SVB, han apostado por los Bonos del Tesoro a largo plazo.

Con información de EFE y BBC Mundo.