Donald Trump no termina de confirmar la entrada de Estados Unidos en el conflicto entre Irán e Israel con la movilización de varios aviones de combate al país persa. Según declaró el presidente este miércoles, los americanos no buscan instaurar un “alto al fuego, sino una victoria total”.

“Ya saben cuál es la victoria: no tener armas nucleares“, declaró Trump desde la Casa Blanca.

El mandatario republicano aseguró que su país cuenta con el “mejor armamento del mundo” y que las fuerzas norteamericanas son las únicas capaces de destruir las instalaciones nucleares de Irán, enterradas más de 80 metros bajo tierra.

Finalmente, indicó que “si la elección es entre ellos (Irán) peleando o en posición de armas nucleares, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer”.

La grieta republicana

Mientras los bombardeos en Medio Oriente continúan, la posible implicancia de Estados Unidos en el conflicto genera grietas en la unidad de los partidarios más fieles del presidente Donald Trump.

El primero en “bajarse del barco Trump” fue el congresista republicano Thomas Massie, de Kentucky, quien se alió con los demócratas para presentar un proyecto para impedir al presidente involucrar las fuerzas estadounidenses en “hostilidades no autorizadas”, como lo sería una operación dentro del marco del conflicto en Irán.

“Esta no es nuestra guerra. Incluso si lo fuera, el Congreso debe decidir tales asuntos de acuerdo con nuestra Constitución”, indicó Massie en su cuenta de X.

Otra de las figuras que discrepó con la idea de inmiscuirse en el conflicto fue Tucker Carlson, periodista cercano a Trump durante varios años. Carlson comentó en un pódcast que los republicanos, con el presidente a la cabeza, estarían tomando una postura muy “belicista”.

Ante este comentario, el propio Trump arremetió contra el periodista y lo clasificó como un “chiflado”.

Como respuesta, otra congresista que era cercana a Trump,  Marjorie Taylor Greene (Georgia) salió en defensa de Carlson y comentó que cualquiera que apoye la intervención en Irán, no seguía la doctrina “Estados Unidos primero” con la que Trump llegó a la Casa Blanca.

Otras figuras políticas del panorama norteamericano como los senadores republicanos Ted Cruz y Lindsey Graham apoyaron la idea de que atacar las instalaciones nucleares de Irán es un asunto de “seguridad nacional de Estados Unidos”.