Hay una frase popular, declarada por un histórico dirigente del fútbol argentino, que reza lo siguiente: “Todo pasa”. Argentina es un país en el que, por más escándalos que haya, da la sensación de que la Justicia llega tarde o no llega.
Sucede ahora con el ex ministro de Salud Ginés González García, que salió eyectado del Gobierno en plena pandemia por haber permitido a un grupo de figuras vinculadas con el kirchnerismo que se vacunaran antes que cualquier otro ciudadano común. Vacunados VIP, que entraban por una puerta más accesible que la población de riesgo.
Aquel funcionario será indagado por la Justicia. Han pasado casi dos años de aquello, por lo que es evidente que los caminos del Poder Judicial llevan una velocidad que no condice con la necesidad de sentar justicia. La situación no sólo generó indignación, sino que, además, mostró cómo se maneja de manera irregular el patrimonio que, en este caso, eran vacunas, un recurso esencial en medio de una crisis sanitaria.
Las situaciones graves no deberían manejarse con ese axioma del “todo pasa”, por más que la memoria colectiva deje de lado por algún tiempo estos hechos. No todo puede caer en el más liviano de los olvidos, y menos si se trata de reparar o hacer justicia.
