Pasó la Vendimia, que es un momento de mucha exigencia para las autoridades provinciales, por la cantidad de recursos que se vuelcan al desarrollo de uno de los principales atractivos turísticos y la cantidad de actividades que se realizan de manera intensa durante una semana. Más allá de los espectáculos y las luces de la fiesta, hay incluso reuniones y almuerzos donde se expone el estado de situación de la vitivinicultura, en particular, pero también el diagnóstico que tiene Mendoza y el país en general. En términos económicos, la mayoría de los análisis coincide y apunta a la situación macroeconómica como el principal escollo y la plataforma que, a la vez, si mejora, ofrece chances para el despegue.
La convocatoria del presidente a los gobernadores permite pensar que será un año intenso de agenda política, porque desde la Nación avanzan en cambios estructurales, que no sólo implican una reforma del Estado, sino de impacto concreto en la vida cotidiana de los argentinos. La idea de un pacto re-fundacional del país en un momento de crisis profunda parece una buena oportunidad para definir una nueva base de políticas que permitan superar las gestiones coyunturales.
Pero tampoco hay que quedarse con los títulos. Porque primero está la discusión y la necesidad de encontrar los puentes posibles, que son los reales y por donde se puede caminar. La oportunidad también puede ser extensible a una Mendoza que está, desde hace años, paralizada. No retrocede, pero tampoco avanza.
Días atrás, la dirigencia local cerró la grieta al despedir con buenos recuerdos a uno de sus hombres. Carlos Abihaggle, uno de esos dirigentes que estuvo al frente de organismos fundamentales para la provincia y con una concepción integral de lo que podría ser esta provincia, pero también con la gentileza de aportar a quienes eran opositores. Desde hace años que la política mendocina ha perdido esa capacidad para pensar al Estado en su conjunto y con una proyección. Las rencillas internas son por ver quién ocupa una silla en la mesa chica o mantenerse a flote. Las hegemonías que se han construido, tampoco han servido de mucho. En algún momento, la necesidad de ver hacia dónde vamos y cómo podemos andar ese camino tendría que ser una discusión que se vuelva actual, pero también provocadora de cambios.
