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Cada tanto, los mendocinos asistimos horrorizados a situaciones que, si bien son imprevistas y accidentales, por su reiteración obligaron al Estado a colocar regulaciones ya que se está en riesgo la vida humana. Son los ataques de perros considerados “peligrosos” por sus características físicas o comportamiento.

Una primera norma se sancionó allá por el 2007, pero costó implementarla, entre la resistencia de los dueños e, incluso, de especialistas, y las objeciones que trabaron su reglamentación. Más recientemente, en el 2018, el Código de Faltas suplió este vacío y estableció penas concretas para los dueños de los animales, quienes son los verdaderos responsables de la tenencia y crianza. Sin embargo, no todos los municipios adhirieron a esta norma, por lo que su cumplimiento no es uniforme.

Si bien es probable que un encuadre legal no termine con estas situaciones, sí puede reducirlas. Todo pasa por la conciencia de los propietarios de los canes. No hay prohibición de tenerlos, más aún cuando se consideran útiles para disuadir a delincuentes. Por eso mismo es preciso tener cuidado en el trato. Lo ocurrido en Rivadavia permite volver una vez más a esta cuestión social en la cual se cruza la inseguridad, pero también el maltrato hacia los animales que son entrenados para ser feroces y la educación de quienes acceden a tenerlos en sus hogares.