Una mujer mayor introduciendo el voto en la urna.

Mendoza abrió este fin de semana su proceso electoral, la primera de una serie de paradas que definirán quién sucederá a Rodolfo Suarez.

Los resultados, si bien confirmaron el triunfo de los oficialismos, dejaron bastante tela para cortar.

Entre ellos, el alto ausentismo que hubo en los siete departamentos donde se votó. Esta apatía, como síntoma, puede revelar más de una situación en el humor social. Es probable que el ausentismo esté provocado por la bronca respecto de la profundización de la crisis económica, pero también por el desinterés por una oferta electoral que no responde a los intereses de los ciudadanos. Terminado el escrutinio provisorio, las fuerzas dieron rienda suelta a sus festejos, lo que llama la atención, puesto que todos reconocen que hay un malestar en la calle que se deja ver en los recorridos de campaña.

Políticos y electores deberían vibrar en la misma cuerda. Ese es el ideal por el que aquellos que ocupan cargos con responsabilidad institucional tratan de buscar cambios positivos para los problemas que salen de cada piedra que levantamos. Pero no ocurre.

Y no es un problema solo de agenda, sino de feeling, de química o de piel, como quiera decirse. No hay nada que celebrar.