Ya se sabe quiénes son las principales caras del Gobierno que comenzará este sábado a conducir los destinos de Mendoza por los próximos cuatro años. Se trata de un momento de renovación a partir del mandato de las urnas. Sin embargo, las decisiones para hacerse cargo de las áreas administrativas y políticas mantienen una continuidad respecto de las dos gestiones anteriores.
Por fuera de los nombres propios, más allá de las especulaciones de cada sector partidario por sumar poder o de los celos individuales por lograr proyección política, lo que empieza a ponerse en juego, una vez más, es la responsabilidad de conducir con buen criterio el Estado provincial. Es decir, el patrimonio de los mendocinos en todas sus áreas públicas, muchas de ellas muy sensibles, como la Educación, la Seguridad y la Salud. Los pronósticos que se adelantan no son buenos y es probable que por delante haya que tomar medidas antipáticas o impopulares. Pero tiene que quedar claro que al frente de la administración que se inicia hay funcionarios probos. Y como lo que se avecina, al menos en el primer año, es incierto, pero también áspero en materia económica y social, es oportuno volver a recordar que los nombramientos exigen cierta austeridad. Las designaciones no son salvavidas personales.
