En pleno año electoral, varios municipios de la provincia han encarado obras de ingeniería importantes. Donde más vienen haciendo hincapié es en las calles.

Desde hace años, el mantenimiento de las arterias ha sido un problema, por un lado, para los conductores, que ven cómo los baches que no se rellenan a tiempo van socavando poco a poco el vehículo. Pero también para los municipios a cargo, que enfrentan las obras con la macroeconomía en contra y más de un desbarajuste financiero a causa de la inflación en los insumos.

Con todo, se ha agregado un problema. La demora en habilitar las calles. Los trabajos se han ralentizado y esto ha generado más de un dolor de cabeza para vecinos, comerciantes y automovilistas. Una obra tiene que redundar en beneficio de los ciudadanos. Si el proceso se encarece o se vuelve una pesadilla para los usuarios de ese patrimonio urbano, entonces, es un problema electoral más que una solución.