Tenemos un país con una estructura social tan compleja, que cuesta afirmar, más allá de lo que quiera creer el inconsciente colectivo, que la nuestra es una comunidad solidaria y dispuesta al voluntariado. Dos conceptos que involucran un desinterés total y una vocación de ayuda extrema.
La nota la dio Bariloche, en medio de una situación crítica, como la generada por la erupción del volcán Calbuco, en Chile.
Comerciantes de la zona vieron la oportunidad y no dudaron en subir, sin ningún tipo de proporción, los precios de los insumos más necesarios para una ocasión así. Ya no se trata de un gobierno en particular. Ningún funcionario está en condiciones de controlar el bajo nivel de empatía entre pares. Que se trata de un país con buena gente, a veces, no es más que una utopía.
