La posición estratégica que tiene Mendoza en las relaciones comerciales en el cono sur obliga a que ciertos temas sean abordados con claridad, seriedad y profesionalismo. Lo ocurrido con la coordinación de frontera en el Paso Cristo Redentor, punto clave del corredor bioceánico, es el reflejo del poco interés que existe por parte del Gobierno nacional para mejorar la conectividad y es una muestra de improvisación absoluta.

La renuncia de quien ocupaba el cargo y la función de, precisamente, coordinar todo lo vinculado con el tránsito entre Argentina y Chile desnudó la existencia de funcionarios que se habían mantenido en el anonimato desde lo operativo; que aparecían oficialmente como jefes, pero que no cumplían ese rol y que tampoco estuvieron en la línea de fuego en los momentos críticos en alta montaña.

Pero hay un agravante: mientras el Gobierno pagaba un sueldo a alguien que no cumplía con los requisitos técnicos para el puesto y debía apelar a excepciones para su contratación, quien sí efectivamente estaba a cargo del área lo hacía ad honorem, sin ningún tipo de remuneración más que el pago de su jubilación como gendarme retirado.

Hasta ahora nadie pudo dar explicaciones claras de una situación que se resume de la siguiente manera: dos personas para un mismo cargo, de las cuales sólo una cobraba un sueldo y, paradójicamente, no era la que estaba siempre en la trinchera.