Como si se tratara de algo corriente, nos estamos acostumbrando a hablar de los homicidios y dejamos de lado las historias que se esconden detrás de esas vidas que quedan truncas. Para las autoridades, pareciera que sólo se trata de una mera cuestión estadística; si aumentó o no el número de personas que fueron asesinadas. Y, aun así, no existe una reacción concreta.

Durante meses se discutió políticamente acerca de la necesidad de establecer una emergencia en seguridad. Fue más que nada una disputa de poder, que hasta el momento no se ha convertido en ninguna medida efectiva para bajar los índices del delito porque, en definitiva, parece que la seguridad no es más que una cuestión de cifras. Y por eso no hay respuestas efectivas.