Foto: El Sol

Entre un año y otro hay una cifra que prácticamente no ha variado y establece un síntoma de la economía mendocina. Se trata de las personas subocupadas, aquellas que se mantienen diariamente a través de changas o empleos no registrados.

Si bien la desocupación bajó en el Gran Mendoza en medio de la crisis económica, por otro lado, es preocupante que un sector de la población económicamente activa sólo pueda acceder al mercado de trabajo desde lo informal.

En medio de una campaña desvirtuada por algunos hechos de violencia y acusaciones cruzadas, si por algo es necesario reencauzar el debate es porque miles de mendocinos sobreviven con ocupaciones inestables entre precios que suben semana tras semana.

Ampliar el espectro laboral en la provincia tendría que ser una de las postas electorales, sin promesas vacías o incumplibles para la tribuna de acuerdo con el pulso de las encuestas. Con trabajo de calidad, sin tener que seguir engrosando el Estado provincial y generando oportunidades de inversión para quienes tienen el capital y requieren de la mano de obra. Ese es el debate de fondo en una provincia cuyas principales industrias no dan todas las respuestas.