Al seleccionado argentino de básquetbol le hacía falta una actuación como la de ayer, donde fue necesario que apareciera el carácter, el corazón, la personalidad y algunas individualidades para ganar un partido sumamente complicado ante Serbia y Montenegro por 83-79, para finalizar primero e invicto en el grupo A del 15º campeonato mundial. Este grupo tiene muchos atributos, más allá del básquetbol que desplegó y de la calidad de sus jugadores, ya que en los momentos más urgidos, asomó ese carácter, corazón, esa mística ganadora y personalidad para dar vuelta partidos como frente a los actuales bicampeones.

    Los primeros parciales fueron bien parejos, y aunque Argentina tomó la iniciativa, Serbia apostaba al juego friccionado y estaba cerca en el marcador. Cuando promediaba el último parcial todo parecía conducir a la primera caída (Serbia había sacado casi 10 puntos), pero en el rectángulo de juego, con 11 tantos consecutivos de Carlos Delfino, Argentina renació y logró igualar un partido que se le iba de las manos.

    El equipo creció basquetbolísticamente, la defensa fue granítica, ya que Igor Rakosevic no pudo penetrar con la facilidad como lo había hecho y tampoco Darko Milicic complicó debajo del aro. El entrenador Sergio Hernández hizo ajustes necesarios y con Delfino sobre el estratega del equipo balcánico y El Colo Wolkowysky anticipando al pivote, se solucionaron muchos problemas en la defensa. Ahora viene Nueva Zelanda, en octavos –cuarta en el grupo B–, un rival que históricamente fue difícil y si sus tiradores están en una noche inspirada, pueden complicarlo en demasía.