Efectivamente, puede aceptarse que, como dijo el político inglés Winston Churchill, en cierta ocasión, la democracia es “el menos malo de los regímenes políticos”, entendiendo por democracia aquella forma de gobierno en que la soberanía proviene del pueblo y este tiene la última palabra, a través del voto depositado en las urnas en cada convocatoria. Enunciadas así, estas afirmaciones son muy simples por lo que hay que considerar después la constitución de los partidos, la Ley Electoral, la organización del Estado y sus instituciones, la elección de los miembros del Poder Judicial, y un largo etc. para analizar la calidad y el grado de democracia existente en un país determinado. Entiendo que la democracia, para que sea verdadera, debe cumplir las siguientes premisas o principios fundamentales: la participación, la representatividad, la separación de poderes y el combate contra la inmoralidad. Si estas premisas no se dan, y en la medida en que no se cumplen, se puede afirmar que no existe una democracia verdadera, y la que haya será una democracia falsa que será menospreciada y rechazada por todos los ciudadanos de buena voluntad, como ocurre con los billetes falsos, que nadie los quiere.
