El ser humano es capaz de conocer por su inteligencia y de decidirse por la voluntad ante el bien conocido, sensible o intelectual. Estas capacidades hacen posible que se dirija voluntariamente hacia el objeto conocido, dominando las tendencias naturales y ordenando su mundo sensible. El entendimiento y la voluntad están íntimamente relacionados y vinculados, se influyen mutuamente. Podemos verlo en los siguientes momentos del acto voluntario:
– En la concepción del fin (¿qué hacer?) la voluntad se inclina por lo que le presenta la inteligencia. En la deliberación será la voluntad la que se inclinará, elegirá entre las diversas posibilidades que el entendimiento le presente.
– La decisión será, fundamentalmente, un acto de la voluntad.
– En la ejecución, la voluntad deliberará sobre los medios a poner en práctica y también en los múltiples actos que la actuación voluntaria conlleva.
– En la evaluación y en la rectificación vuelven a estar presentes el conocimiento y la voluntad. La libertad, como capacidad de la voluntad, se actualiza eligiendo, por ello, son erróneas las actitudes de “seguir la vida”, “no pensar”, “no arriesgarse en actuar”, ya que quien no se ejercita no tendrá la fuerza y el riesgo de elegir. El que decide y elige se compromete, opta con su libertad, quien no se compromete “pasa”. Y su libertad se concreta en “pasar” mientras otras opciones ocupan el vacío.
