Leyendo al italiano Antonio Gramsci (1891-1937), filósofo, teórico marxista, político, periodista y, quizás, el pensador más importante del siglo XX, caí en la cuenta de que ponía énfasis en el estudio de los aspectos culturales de la sociedad (“superestructura”, en la metáfora de Marx) como elemento desde el cual se podía realizar una acción política y como una de las formas de crear y reproducir la hegemonía.

Estimo que hay que leerlo porque, tal vez, en Gramsci se pueda encontrar la clave teórica de nuestros fracasos y la manera de solucionarlos. Así manifestó que “ninguna ideología puede imponerse con la fuerza”. Y acá hemos visto que la Revolución Libertadora quiso imponer, borrar de la memoria de las personas una ideología por medio de un decreto.

También manifestó que “todo cambio exige una mentalización, previo a que se pueda conseguir con pequeñas modificaciones realizadas en el campo de la cultura”. ¿Con nuestra TV llena de programas frívolos y Fútbol para Todos, a qué cambio llegaremos? Además, agrega que “lograr que la sociedad en general llegue a tener un modo común de sentir y pensar para el bien del país (pensamiento nacional) se puede conseguir con los medios de comunicación, las universidades, los colegios, la escuela.

Lleva su tiempo pero hay que empezar y, tras una o varias generaciones, tendremos gobiernos patriotas”. Nosotros vimos que en los años de 1940/50, a través de “los medios de comunicación” y los cambios en nuestra enseñanza (se aprendía a leer con el libro Evita), se ha conseguido, a pesar de tantas proscripciones, tener aún gobiernos peronistas, aunque olvidan su doctrina.