Una pareja funciona cuando hay motivación y ganas. En eso se basa el amor, en el deseo de estar con el otro”, afirma la psicóloga Harriet Lerner. Según ella, para poner la pareja en movimiento, hay que tener “el deseo genuino de crear un mejor matrimonio y la apertura suficiente para mirarnos a nosotras mismas”. Harriet Lerner es conferencista, periodista y escritora. Sin pretender dar la solución a todos los problemas de un matrimonio, en su nuevo libro nos invita a renovar la motivación con esos pequeños gestos que ayudan a mejorar el vínculo.

1) Una dosis de cariño diario

En los primeros años, es muy común que los actos de cariño nos surjan naturalmente. Lo negativo suele pasarse por alto. Pero a medida que transcurre el tiempo, esas primeras emociones desaparecen y empezamos a mirar aquello que antes pasábamos por alto, lo que da lugar a las críticas. Dejamos atrás esos primeros aspectos que nos enamoraron y solo notamos las diferencias que hay entre nosotros. Empezar a mirar lo lindo que nuestra pareja tiene es posible. Hacerle al otro dos o tres comentarios positivos por día o realizar pequeños gestos que hablen de amor es una punta de iceberg para recuperar lo sano del vínculo.

2) Dejá las críticas a un lado

Pasamos mucho tiempo queriendo cambiar algunos aspectos de nuestra pareja y sin darnos cuenta le decimos lo que tiene que hacer. Es importante cuidar el tono y la cantidad de “recomendaciones” por día que hacemos, ya que pueden ser interpretadas como duras críticas o desvalorizaciones. El otro es diferente y, como tal, deberíamos respetarlo y nutrirnos de su diferencia. Nadie puede sobrevivir felizmente a un matrimonio si se siente juzgado y poco admirado todo el tiempo. Al fin y al cabo, lo que importa en una relación no es hacer las cosas según las reglas de uno, sino la dedicación que pone cada uno en contribuir a la felicidad del otro.

3) Escuchá al otro

Es el mejor regalo espiritual que le podemos hacer a nuestra pareja. Qué maravilloso sería si pudiéramos escuchar con la misma pasión con la que queremos ser escuchados. La manera en que nos hablamos y escuchamos el uno al otro define cómo funciona nuestro matrimonio. Para escuchar de verdad, hay que serenar la mente, abrir el corazón y hacer preguntas, a fin de entender mejor qué es lo que nuestra pareja está diciendo. En ese sentido, es importante también decir no a veces. No siempre estamos en condiciones de abrir nuestro corazón y dedicarnos al otro. Decir: “Ahora no puedo, pero después sí porque me importa lo que me querés contar” es una manera de respetar y amar al otro.

4) Valorizá tu independencia

Simbiotizarse con el otro no es sano; vivir para el otro y nada más no nos ayuda a crecer. Nunca está de más recordar lo importante que es estar en contacto con amigos, buscar nuestra realización personal, nuestros propios intereses y también prestar servicio a los demás. Concentrar nuestra energía en vivir nuestra vida plenamente y al máximo nos mantendrá alejadas de asfixiar al otro con nuestras preocupaciones y constantes críticas. Es más probable que la pasión dentro de la relación se reactive si perseguimos nuestras metas y no las de nuestra pareja.

5) El perdón, un excelente aliado

Aun cuando estemos convencidas de que solo somos responsables de una mínima parte del problema, podemos disculparnos. “Te pido perdón por lo que me corresponde”. Si nuestra pareja es de esas que jamás piden perdón, no hay que frustrarse exigiendo una disculpa; es muy probable que el otro esté intentando hacer las paces o romper la tensión de una manera no verbal. El lenguaje no verbal existe y, a veces, es más poderoso que las palabras; una ayuda es también una manera de pedir perdón. Aceptar su forma de disculparse es una alternativa; no todos somos iguales.

6) Cumplí las promesas

Cuando decimos que vamos a hacer algo… ¡Hagámoslo! Por más insignificante que sea, como levantar las medias u ordenar el placard un domingo, es muy importante mantener la palabra. Cuando nuestra pareja hace un reclamo válido, necesita saber que lo que nos está pidiendo nos importa, que su voz es tenida en cuenta. Un reclamo pequeño esconde siempre un pedido de otra cosa: atención, respeto y responsabilidad. Si creemos que su reclamo es injusto, renegociemos el contrato sobre quién hace cada cosa.

7) Dejá atrás las proyecciones

A veces, estamos cansadas de los chicos, de nuestro trabajo y de nuestras presiones cotidianas y proyectamos en el otro nuestro cansancio. Entonces, le hacemos reproches. Lo mejor en esas situaciones es conectarnos con lo que nos pasa y comunicarle al otro que necesitamos su ayuda. Cuando presionamos, lo único que logramos es distanciar a nuestra pareja. Perseguir y acosar al otro no es una manera de alivianar nuestras presiones internas.

8) Sé fiel a tu esencia

Ser flexible con tu pareja es muy positivo, pero no significa traicionar nuestros valores esenciales. Sacrificar nuestras creencias y prioridades debido a presiones por parte de tu pareja no aporta nada a un matrimonio. Cuando una es la que siempre da, pero nunca recibe, hay que animarse a decir “basta”. Esta actitud debe nacer de una profunda conciencia de una misma que marca nuestros límites y aquello que podemos tolerar porque no daña nuestro ser interior.

9) No aceptes tratos que no te corresponden

Cuando un matrimonio es sólido, puede tolerar una buena cantidad de emociones y sobresaltos. Es más, tener discusiones ocasionales puede renovar el aire. El problema aparece cuando uno no puede solucionar los problemas y se encierra en un círculo vicioso de culpa y enojo, lo que erosiona, lentamente, la roca que los mantiene unidos. Sentarse con la pareja y elaborar reglas propias que contribuyan al respeto mutuo es una buena manera de comenzar a cambiar las cosas. Las parejas felices no son las que no pelean, sino las que aprendieron a pelear de una manera justa y respetuosa.

10) El encuentro físico

En los tiempos que corren, es muy común que alguno de los dos no sienta la urgencia de tener sexo. Las caricias, el abrazo, el espacio para ese encuentro se cultiva y se produce cuando cultivamos el encuentro alma a alma, que en definitiva es el más importante.