Hay cosas que mientras las decís, sentís como si los años se te vinieran encima. Frases que hemos escuchado a nuestros padres hasta el cansancio, cosas que siempre dicen los viejos. “En mi época…” Así empiezan, y sí, como dicen por ahí los años no vienen solos.

Todo esto para afirmar que cuando yo empecé a tomar mate, no había muchas opciones. O tomabas mate con la yerba Amanda, o tomabas con Taragüi, o tomabas con Don Lucas, y en mejor de los casos una robusta Rosamonte. Eso es lo que recuerdo en mi memoria de preadolescente.

Mi mamá siempre fue matera, y fue quien me introdujo en este cuasi vicio atemporal argentino. Y como digo habían pocas marcas, la innovación fue cuando empezaron a diferenciar “con y sin palo”,” hierbas agregadas” y el punto máximo de esplendor lo viví estudiando en la universidad “con cáscaras de naranja”. Pensé que la creatividad de la industria de las yerbas había tocado su techo.

Pero hace poco descubrí un fenómeno en productos fusión. Si señores, directamente importado de algún lugar tropical, de alguno donde nos miran con desconfianza cuando nos ven sacar un mate, que nos analizan para ver qué clase extraña de droga o ritual estamos haciendo. De ahí mismo. Aprovecharon el boom del maracuyá, el mismo que vimos instalarse en los sabores de helado y en los postres de autor, y lo traspasaron a la infusión insignia nacional. Como diría un amigo mío: ¡Qué coraje!

Caribe/Río de la Plata hermanados: Yerba mate Taragüi Maracuyá Tropical.

Convengamos que los que desarrollan estos productos son unos genios. Hacen yerba mate para gente que no lo gusta el mate, o que se aburrió de tomar mate, o que quiere tomar un jugo, pero caliente. En fin, basta de cháchara, vamos a probarla.

Sabor: Muy bueno, la verdad es que una grata sorpresa. Muy rico gusto, se siente natural y equilibrado. No satura ni invade todo el sabor.

Aroma: Muy bien logrado, no se siente artificial.

Precio: Entre $28 y $32, los 300 gr, dependiendo de donde la compremos.

¿La llevamos a casa? Sí, definitivamente sí. Es una especie de tereré caliente. No sé si para todos los días, pero sí, la queremos en la alacena para intercalar alguna mañana en la que estamos de ánimo latino. Y como diría nuestra querida Celia Cruz: Azucahhhh.

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