La culpa de todo la tiene Carrie Bradshaw. Y por “todo”, entendemos la pasión en ascenso que los zapatos de taco tienen desde que la protagonista de Sex and the City los convirtiera en parte argumental de la serie. En palabras de Valerie Steele, comisaria de Shoe Obssesion, la colección del Fashion Institute of Technology que recorre la reciente evolución del calzado contemporáneo: “Hasta hace poco más de una década, el uso de la palabra “manolos” (por el diseñador Manolo Blahnik)  estaba restringido al círculo de entusiastas de la moda. Luego, llegó Sex and the city y su éxito pavimentó la escalada a la fama de otros zapateros, celebrities por derecho propio, como Christian Louboutin -que junto al propio Manolo Blahnik y Jimmy Choo formaron una primigenia santísima trinidad del siletto-. Con esta exposición hemos querido examinar ese fenómeno tan siglo XXI. Dentro que cada mujer hay una pequeña Imelda Marcos y dentro de muchos hombres hay un fetichista. Pero no podíamos usar la palabra “adicción” en el título por las connotaciones peyorativas que tiene”.

Poniendo el foco de atención en las dimensiones de extravagancia que han alcanzado algunos diseños, Shoe Obssesion exhibe 150 pares que van desde el modelo D”Orsay a los Lady Pointe -unas zapatillas de ballet llevadas al extremo- que el japonés Noritaka Tatehana creó para la única persona del mundo capaz de llevarlas, Lady Gaga. En el videoclip Marry the night, concretamente. “Los zapatos han pasado de ser secundarios a protagonistas, sustituyendo en importancia a los bolsos. Como respuesta, los departamentos de calzado de las grandes tiendas se han expandido y la guerra entre diseñadores recrudecido. Blahnik y Louboutin siguen siendo los best-sellers, mientras el número de jóvenes promesas se multiplica”. Y si tomamos por buenos los índices que vinculan economía y moda, el ritmo imparable al que han ido creciendo los zapatos de taco en lo que llevamos de siglo vendría a corroborar lo que un estudio elaborado en 2011 por IBM concluía: a mayor recesión, más alto el tacón. “Ahora mismo, 10 centímetros son considerados poco”, continúa Steele.

MUSEO FIT
La condición de objeto de los zapatos es innegable. A diferencia de la ropa, que necesita de una percha (en formato persona maniquí) que le insufle vida para poder ser apreciada con todos sus matices, los zapatos existen por sí mismos. Son escultóricos. Tienen forma. De ahí que, en calidad de pequeñas obras de arte independientes, sean altamente museizables. Sin embargo, su personalidad (que la tienen) los humaniza. “Hay mujeres que aseguran que los zapatos les hablan. Que les dicen “cómprame y llévame a casa contigo” asegura Steele. Porque no es tanto el punto de vista material, como las connotaciones carnales las que aquí nos importan. “Los zapatos de taco son una extensión, muy íntima, del cuerpo que dice mucho de nuestra actitud, estética, sexualidad y estatus social”. Lo cierto es que los tacos hablan el lenguaje simbólico más universal de todos. Y como bien explica Louboutin en el documental Dios salve a mis zapatos (2011): “Son la prerrogativa de la mujer. La empoderan. Cambian por completo su lenguaje corporal. Por eso cuando se prueban un par y se miran al espejo, evalúan el efecto de cuerpo entero”. En ese mismo documental, la entonces editora de accesorios de Vogue USA Filipa Fino, coincide: “Que un elemento que se lleva en los pies pueda cambiarte el look completamente, y el comportamiento…eso es tener autoridad”.

Con ellos no hay margen de error. Por no hablar de que nunca abandonarán el armario de su dueña para meterse en otro. La directora creativa de Vogue Japón Anna Dello Russo siempre lo supo. Cuando el único marido que ha tenido le preguntó “¿Les haces un hueco en tu armario a mis cosas?” ella puso fin a un matrimonio de seis meses con un “En mi armario no hay sitio para tus cosas”. ¿Cómo iba ella a alojar, entre sus 4.000 pares de zapatos a un futuro cadáver? Y es que quizá no era precisamente al Príncipe azul lo que envidiaban de Cenicienta sus hermanastras sino más bien el zapatito de cristal. 

Azzedine Alaïa, 2011

 La joyera Lynn Ban cedió al FIT este par de zapatos aderezados con un penacho que Azzedine Alaïa.

Chanel (2009) 

Desde el momento en el que también nos referimos a los tacones de aguja como stilettos (como las dagas del tipo estilete), estamos haciendo referencia a su naturaleza armamentística. Con sus tacones en forma de pistola, estas plataformas de Chanel convierten en literal esa simbología. 

Andreia Chaves (2011) 

En manos de la brasileña Andreia Chaves los zapatos dejan de serlo para convertise en conceptos. Este par de 2011, los Invisible Shoes, juega al equívoco de esconderse a plena vista. Al ser un prisma de espejos, reflejan el entorno de su portador/a en un ejercicio de camuflaje. Chaves tuvo que usar una impresora en 3D para crear su estructura. 

Salvatore Ferragamo (2006) 

Blahnik habrá sido el primero el primero en convertise en zapatero estrella. Pero mucho antes, estuvo Salvatore Ferragamo, cuyos diseños ya eran famosos en los años 30 del siglo XX. Esta sandalia es de 2006 y pertenece a la colección Glam. 

Iris van Herpen (2010) 

En ese futuro distópico que la danesa Iris van Herpen siempre imagina para sus colecciones, este sería el calzado oficial. Una pieza de ingeniería que como comenta Stelle “confirma que el futuro está en la impresión en 3D y en materiales como el titanio. 

Givenchy (2012) 

Riccardo Tisci creó estas sandalias para el desfile de alta costura primavera-verano 2012 de Givenchy. Su aplique metálico en el empeine coronado por un detalle tipo piercing son un reflejo de la joyas que llevarn las modelos. 

Fuente: Vogue