En cuanto al primer título, hace ya mucho tiempo que escribí en estas páginas que mi abuelo, quien actuó en las mensuras del Cerro de la Gloria y el piedemonte, como en la construcción del ferrocarril a Chile, comentaba que los viejos criollos le informaban que siglos atrás, en momentos de grandes lluvias, había crecientes de barro en el piedemonte que llegaban, incluso, hasta lo que hoy es la avenida Boulogne Sur Mer y bajaba desde más arriba del barrio Supe hasta más al norte del barrio Municipal.
Insistí en que la ley de suelos debe salir más urgente que las candidaturas políticas, pues así como ahora no hubo víctimas, en cualquier momento puede haber un problema que destruya barrios, familias, Dalvian y universidad, como ocurrió en 1934 con el aluvión del río Mendoza, (otra zona, por supuesto) que después se controlaba con aviones y cuadrillas las nacientes del río para evitar otra desgracia.
Al parecer, eso de la ley de suelos, como tantas cosas, está dormida, hasta que venga otra peor que la creciente de El Challao y se comenta que hay intereses creados. En cuanto al segundo título, se deberían prohibir los cotos de caza, ya que las sociedades protectoras de animales no hacen nada al respecto.
La caza es la mayor cobardía del hombre pues no le da al animal la mínima posibilidad de defenderse. Sería interesante si en un ruedo los pusieran juntos a ver quien gana. No matan para comer sino para asesinar y quienes crían para hacer cotos son cómplices de esos asesinatos por dinero y el que mata así es delincuente. Estando en Formosa en un cargo oficial, organicé un safari fotográfico, por el cual el hombre, en plena selva, se encontraba en igualdad de condiciones con el animal y fue un éxito, pues vino gente hasta de Europa. Ganó un francés, fotografiando un yaguareté a punto de saltar desde un árbol. A quien le gusta tirar, para eso están los clubes de tiro, sin matar a nadie y allí nadie puede tildarlo de cobarde.
