En muchos ambientes actuales se piensa que los esfuerzos que realizan los padres y los centros educativos en orden a educar a los chicos son ineficaces y no consiguen sus objetivos. Ante esta desesperanza, es bueno aprender de la historia y observar los buenos ejemplos que nos presenta. Uno de ellos es el caso de Fernando III, rey de Castilla y León (1198 a 1252). Su madre, doña Berenguela, lo alimentó con la leche natural y con la leche de las virtudes.

    Fernando resplandeció en todo género de virtudes, especialmente en la honestidad, la modestia, la prudencia, la misericordia, la religión y la obediencia a su madre. No se le conoció ningún vicio; siempre estaba ocupado y no ocioso y el tiempo que no gastaba en la devoción o las armas lo ocupaba en leer historias, para sacar de ellas acciones que imitar y equivocaciones de las que huir. Llegó a ser un rey querido y admirado.

    También fue canonizado por el papa Clemente X en 1671 (Fernando III el Santo). Ante la desesperanza actual en la labor educativa, observamos que cuando coinciden la libre voluntad del educando y la labor esforzada de los padres y profesores, el resultado de sus esfuerzos siempre es positivo.