Me enamoré. Me enamoré de sus líneas, sus géneros translúcidos, su fragilidad. Adoré cada uno de sus diseños, con sus delicados bordados, sus infinitos detalles y su expresa feminidad. Y lo adoré a el.

En la carrera de comunicación aprendemos que la objetividad no existe pero que de todos modos hay que apuntar a ella. Hoy no puedo ser imparcial, así que prefiero dejarlo hablar a él, a Marcelo Giacobbe, el joven diseñador emergente que presentó por segunda vez su colección en el BAFWEEK dentro del marco de La Ciudad de Moda, del Centro Metropolitano de Diseño.

¿Qué es, para vos, un diseñador de moda?

Yo puedo modestamente hablar de lo que es para mí ser diseñador: es una aventura constante. Siempre uso mis inquietudes como disparadores, preguntas que me surgen y busco anclarlas con imágenes. Intento siempre conectarme con mis emociones y sentimientos, para desde ahí construir.

Si tuvieras que resumir tu colección en un tweet (140 caracteres), ¿cómo sería?

El camino de sanar un corazón roto.

¿Por qué el diseño y no otra profesión? ¿Qué te apasiona del diseño?

El diseño está compuesto de muchísimas áreas: lo comercial, logístico, productivo, estético, lo cultural y la construcción. Soy un hombre de muchos intereses y por eso esta carrera me atrapó, porque siempre hay más para conocer, más para saber, más para hacer!

¿Cuál parte del proceso de diseñar disfrutás más, y por qué?

El desarrollo, el pasar la idea que tengo en la cabeza a papel, luego a molde, cortar y ver como queda la toille. Si queda como me la imaginé siento un profundo placer. Si no vuelvo a la idea, al molde, al corte y a otra toille hasta quedar satisfecho.

¿En qué se inspira está colección, y cómo te sentís reflejado en ella?

Mis colecciones no suelen estar inspiradas en un solo tema, pero sí por varias inquietudes que confluyen en un todo. Por un lado tenía claro que esta colección se trataba del camino de sanar un corazón roto, trabajar con una escultura líquida (mi apreciación sobre el trabajo de Lola Mora en la escultura Las Nereidas) y del resurgir.

La composición de Las Nereidas trata del nacimiento de Venus, la diosa del amor y justamente quería trabajar sobre la idea de una ruptura, un corazón de vidrio roto sobre la piel, lo mas frágil y sensible estallado.

Pero al mismo tiempo ese quiebre es lo que nos hace bellos y, aunque suene cursi, únicos. Es la manera en la que nos acercamos a quienes somos y elegimos crecer a un posible nuevo yo.

En lo profesional, ¿cuál fue el error que más te hizo crecer?

Muchos, pero todos se volvieron en tantas cosas buenas que me es difícil nombrar uno. Siempre digo que de los errores surge algo nuevo, inaudito, que no reconocemos como algo puramente nuestro pero termina siendo la puerta que se abre a algo nuevo.

¿Cuál fue el mejor consejo que recibiste?

En el primer trabajo que tuve, en el primer día una jefa me dijo “Nunca te acostumbres a lo que tus jefes te piden”. Fue muy útil, siempre estar atento a otras cosas que pueden estar pasando al mismo tiempo y que te pueden nutrir.

¿Qué aprendiste de tu padre?

La construcción.

¿Y de tu madre?

A hacer lo que me gusta con alegría.

¿Qué le aconsejarías a un joven estudiante de diseño?

Que sea perseverante, que busque su propia voz. Que se informe pero sea imparcial, y que una vez que encuentra su voz tome confianza pero con criterio.

FICHA NO TAN TÉCNICA

Profesión: Diseñador.

Además te gustaría ser: Nadador profesional.

Hobby: Nadar, claramente.

Un libro: Anna Karenina, de Leon Tolstoy.

Una película por su vestuario: Persona de Igmar Bergman.

Un director de cine para dirigir tu biografía: Igmar Bergman.

Un lugar en Buenos Aires: Cualquiera con un atardecer rosado.

Tu mayor vicio: No parar de hablar.

Tu mayor virtud: Aprendí a escuchar.

Cómo te gustaría que te recuerden: Como me dijo mi abuela una vez ¨Un chico de suerte¨.