Ese día se llevó a cabo la audiencia pública de impacto ambiental a la empresa Cuyoplacas SA, la que fuera convocada por el municipio lasherino, con la importante intervención de la Subsecretaría de Medio Ambiente de la provincia y la participación ejemplar de sectores vecinales, ONG, profesionales de la salud, representantes de la empresa, sus trabajadores, referentes académicos y funcionarios públicos. Siento un gran orgullo como vecino por los resultados de dicha audiencia, ya que la intervención desinteresada, espontánea y transparente de los afectados directos, legitima y permite que trasciendan las medidas –aunque tarde– que la Municipalidad de Las Heras ya decidió al respecto.
Resulta auspicioso que, de una vez y para siempre, el Estado se ocupe de la gente y que las medidas, aunque drásticas, se tomen a favor del pueblo y no como en otros tiempos, entre gallos y medianoche y en pequeños conciliábulos, en contra de los intereses de una gran mayoría de la comunidad.
Debo resaltar la firmeza y audacia del intendente Miranda, con quien he tenido innumerables enfrentamiento públicos a raíz de nuestras discrepancias en cuanto a la forma como, al inicio de su gestión, se había encarado la problemática de la empresa Cuyoplacas SA, puesto que disponer el traslado fuera del radio urbano de los sectores contaminantes de esta fábrica significa no sólo haber resistido frente a las enormes presiones de un poderoso grupo empresario, con lobbistas y personeros en cada uno de los ámbitos donde se mueve, sino que simboliza, además, un acto de estricta justicia y desandar un camino que fue irracionalmente trazado en la década infame menemista, por un gobierno comunal del mismo signo político al que pertenece al jefe comunal.
Es hora que todos los argentinos comencemos a tomar conciencia que nuestro tránsito por la vida terrenal es efímero y que los recursos naturales que nos brindan la naturaleza deben ser cuidadosamente preservados, no sólo para quienes los consumismos, sino también para las generaciones futuras.
