La humanidad maltrata a la Tierra cruelmente, dañándola y robando sus tesoros. Los hombres han intervenido en ríos y mares, destruyen la atmósfera y los bosques. Los hombres se han convertido en caníbales de animales, una aberración sin límites. El hombre cría millones de animales que lleva a los mataderos para consumir su carne. Muchos creen que los animales son una mercancía y que a la Tierra se la puede explotar para aumentar su cuenta bancaria. En algún momento, esta persona reconocerá que se ha hecho cada vez más pobre. Muchos creen aventajar al Creador, pero en algún momento reconocerán que la Tierra no les obedece más, esto significa que las causas, los delitos del hombre contra la Tierra, volverán contra ellos. Los animales salvajes no tienen hogar, pues, traicioneros cazadores, están al acecho para matarlos.

    Muchos opinan que son ellos quienes mantienen el equilibrio de la naturaleza. Pero Dios dijo: “Yo soy el equilibrio en todo el infinito y también en los ámbitos de la naturaleza. Yo no necesito hombres que creen tener que mantenerlo”. La humanidad está llegando al punto culminante de sus prácticas negativas. El demonio opina que a través de hombres degenerados que intervienen en la vida y juegan a ser creadores, puede triunfar sobre Dios, pero siempre se ha equivocado. En el estandarte de muchas personas está el asesinato. El hombre Moloc insaciable está contra de su propio planeta.