Perder una noche cada semana, emborrachándose entre luces y ruido estridente de música a todo volumen, para acabar luego tendida en un catre, me ha parecido siempre una alternativa bastante sosa y poco ecológica, porque, además de que no aporta nada positivo, llega el lunes y tienes que trabajar con una sensación de sueño y malhumor, que te predispone a tener un accidente laboral en cualquier momento. En las grandes ciudades existen otras alternativas más acordes con la naturaleza. Recuerdo que mi padre fue boyscout y con los compañeros de su agrupamiento salían de excursión todas las semanas para caminar, respirando aire puro, contemplando la naturaleza y haciendo ejercicio. Esto los llenaba de alegría y optimismo. Existe también la posibilidad de practicar algún deporte que, como dice el refrán,”Mens sana in corpore sano”, que ayuda a mantener el cuerpo en forma y la mente despejada. Hay cantidad de deportes y todos ellos tienen la capacidad de ilusionar. Me parece que las autoridades podrían hacer algo más en este sentido y tratar de ir cambiando la tendencia, para que la gente joven pudiera descubrir otras alternativas los fines de semana y aprendiera a experimentar lo que se pierde cuando sólo se dedica a oír música estridente y darle al botellón.