Agustín Ezequiel Chirino Sampieri volvió a sumar una condena en la Justicia federal. El joven, conocido por su relación con la jefa narco Patricia “Pato” Castro y por aparecer de manera recurrente en investigaciones vinculadas al narcomenudeo en el oeste de Godoy Cruz, recibió una pena de tres años de prisión efectiva tras ser encontrado con cocaína fraccionada cuando intentaba ingresar a la Fiesta Provincial de la Cerveza, a fines del año pasado.
La sentencia fue homologada mediante un juicio abreviado. El juez Alberto Daniel Carelli consideró en sus fundamentos que quedó acreditado que Chirino tenía en su poder 29 envoltorios con cocaína además de 338.000 pesos en efectivo.
Para los pesquisas consultados por El Sol, no se trató de la cantidad de sustancia que llevaba, sino del objetivo que tenía al intentar ingresar ilegalmente al predio cuando se encontraba cumpliendo una pena de ejecución condicional.
El procedimiento ocurrió el 8 de diciembre del año pasado, y derivó en una nueva condena por tenencia simple de estupefacientes, una situación que agravó aún más su panorama judicial porque ocurrió mientras cumplía una condena en suspenso dictada apenas semanas antes, siempre por estar vinculado con la banda de la Pato Castro.
El episodio se registró en la intersección de calles Montes de Oca y Pablo Iglesias, en Godoy Cruz. Policías del Cuerpo Motorizado observaron un Fiat Palio gris que atravesó una cinta de peligro colocada en la zona. Al detener el vehículo y realizar una requisa, los efectivos encontraron la droga y el dinero dentro de un morral que llevaba Chirino. El operativo terminó con el secuestro de la sustancia y del efectivo.
Pero el trabajo policial dejó además una frase que terminó incorporada al expediente judicial y que es parte de la sentencia. Mientras era trasladado a la Comisaría 40ª, Chirino le gritó a uno de los policías: “Sacate el chaleco que cuando esté en la calle te voy a ofrecer plomo”. La amenaza quedó consignada en las actuaciones realizadas por el personal interviniente.
La nueva resolución no sorprendió a los investigadores. Para policías y fiscales que siguen desde hace años las actividades vinculadas a la venta de drogas en pequeñas cantidades en el oeste godoicruceño, Chirino es una figura habitual en las causas relacionadas con su pareja, considerada una de las principales referentes de la venta de drogas en ese sector del Gran Mendoza.
Lo sorprendieron con cocaína en la Fiesta de la Cerveza, tenía condena y volvió a la cárcel
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Su nombre ya había cobrado relevancia en octubre del año pasado, cuando el juez federal Marcelo Garnica lo condenó a tres años de prisión en suspenso y una multa de más de 2,3 millones de pesos. En aquella causa fue considerado partícipe secundario dentro de la estructura criminal encabezada por Castro.
La investigación determinó que Chirino no ocupaba un rol de liderazgo ni era un vendedor principal dentro de la organización, pero sí cumplía funciones de apoyo para el funcionamiento de la banda.
Según quedó acreditado en esos trabajos desarrollados por la Policía contra el Narcotráfico (PCN), colaboraba con tareas de vigilancia, alertaba sobre movimientos policiales y brindaba cobertura a integrantes del grupo cuando existían riesgos de allanamientos o controles.
Aquella pesquisa había desnudado una organización familiar dedicada al narcomenudeo en distintos puntos del oeste departamental. Los pesquisas documentaron disputas territoriales, enfrentamientos armados y una red de puntos de venta que operaban en barrios populares de la zona.
Patricia Castro admitió su responsabilidad y acordó con su defensa una condena mediante juicio abreviado, al igual que los otros integrantes del clan, entre los que se encontraban su hija y el yerno.
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La situación de Chirino fue distinta. La fiscalía entendió entonces que su participación podía ser reemplazada por cualquier otra persona dentro de la estructura sin alterar el funcionamiento de la organización, razón por la cual recibió una pena condicional. Sin embargo, también quedó establecido que conocía plenamente la actividad ilícita y colaboraba con ella.
Esa valoración fue la que terminó jugando en su contra apenas dos meses después. Cuando fue interceptado camino a la Fiesta de la Cerveza con cocaína fraccionada y dinero que se sospechaba era producto de la venta de la sustancia, interpretaron que no se trataba de un hecho aislado sino de una reiteración de conductas vinculadas al circuito narco que ya había sido objeto de condena.
La situación se agravó aún más porque el nuevo expediente encontró a Chirino bajo una condena de ejecución condicional. Durante los meses que duró la instrucción, el Ministerio Público recordó que el acusado se encontraba cumpliendo la pena en suspenso dictada en octubre cuando fue sorprendido con la droga. Esa circunstancia fue uno de los elementos considerados para solicitar una sanción efectiva.
Finalmente, mediante el acuerdo pleno celebrado entre la fiscal Patricia Santoni, la defensa y el propio imputado, la Justicia federal resolvió condenarlo a tres años de prisión efectiva, una multa de 100.000 pesos. También ordenó el decomiso de los 338.000 pesos secuestrados y la destrucción de la cocaína incautada.
