Nombres de larga y de gran trayectoria conforman el canon de las letras de Mendoza; otros, aún inéditos y desconocidos gestan en el anonimato nuevas páginas que hacen que la literatura mendocina permanezca vital. Unos y otros ofrecen historias cautivantes, páginas que merecen encontrarse con los lectores.
Esta es una invitación a disfrutar de algunos de los relatos que surgen de este sol, de este suelo, de nuestra gente, porque la buena literatura es como un espejo que nos refleja y nos define.
En esta narración, Antonella Gioacchini revisita un clásico infantil para jugar con nuevas versiones de la tradición y proponer una vuelta de tuerca en la trama. El cuento pertenece a su libro Mundo I: Había un revés, en el que transforma varios de los cuentos tradicionales para las infancias.
Sobre la autora

Antonella Gioacchini (1991) nació en Maipú, Mendoza. Es profesora de Lengua y Literatura y licenciada en Literatura infantil y juvenil. Autora de la colección de cuentos Reinventando Mundos. Publicó su primer libro Mundo I: Había un revés (Equinoxio, 2024) y el segundo libro de la colección Mundo II: Distípico se espera para abril de este año. Esta colección sigue la línea de reversiones de historias clásicas (Mundo I) e incorpora historias modernas en el Mundo II. Entre los cuentos que más circulan se encuentran Hansel y Gretel: El camino de la Independencia, Alicia en Mendoza y Parry Hotter.
Hansel y Gretel: el camino de la independencia
Cuenta esta historia que en el límite de un gran bosque vivían aún el leñador de aquella vez con su mujer y sus dos hijos ya adolescentes Hansel y Gretel, mellizos de casi quince años.
Estos pibes ya cansados de pasar hambre y del destrato de su madre y del mismo cuentito una y otra vez, deciden abandonarlos. Para eso idean un gran plan:
-Hansel, qué te parece si fingimos un secuestro. Tengo un amigo piola que se dedica a esas cosas…
-Greta (así la llamaba él), ¿Qué serían “esas cosas”?
-Ya sabés; secuestros ficticios, accidentes fingidos, falsos testimonios, entre otros.
-Me parece mucho fingir secuestro. ¿Cómo seguiría la historia? Sabés que no van a pagar ningún rescate, nunca tienen nada, salvo migas de pan.
-Na, qué rescate ni rescate, fingimos secuestro y nos tomamos un avión bien lejos y nunca más volvemos. La verdad es que estos dos me tienen harta. Mamá siempre tratándonos de vagos, papá que solo le hace caso a ella, lo manda como quiere.
-Sí, la verdad es que a mí también me tienen harto solo escucho quejas, arrepentimiento, papá bufando y diciendo siempre el mismo versito “y pensar que cuando eran chicos yo no quise abandonarlos en ese bosque, me daban
lástima” y mamá refutando detrás “viste Raúl, yo te lo dije, era mejor cuando chicos que no estábamos tan encariñados”.
Sin más vueltas pusieron en marcha el asunto. Gretel se comunicó con su amigo y le dijo que quería fingir un secuestro y que le pagarían con la plata que la abuela había enterrado en el patio y, por supuesto, nadie más que ellos sabían.
Orlando le tiró algunas ideas para seguir adelante con el plan:
-Una de las opciones, Gretel querida, es que salgan para la escuela y de allí nos los llevemos, otra opción sería cuando van al Polideportivo a hacer deporte.
-Mirá, Orli, creo que lo mejor sería cuando vayamos a la escuela, ya que queda lejos y el
recorrido del bondi no lo conocen mis viejos.
-Bien, será el viernes a las 13.30 pm.
Gretel llamó a Hansel por whatsapp para comentarle que ya el plan estaba ideado: saldrían de su casa como todos los días a las 12:30, tomarían el 120 para la
escuela pero no ingresarían. Orlando con dos secuaces pasarían justo por allí y se los llevarían. Una hora después volarían en un avión a Sidney.
Esa mañana se levantaron y desayunaron como siempre, pero el día estaba muy gris, un aire espeso se sintió en cuanto salieron. Tomaron el bondi como de costumbre, se sentaron en los últimos asientos y esperaron.
Llegaron al establecimiento, un auto azul se frenó al lado y tapándoles la boca los subieron. Todo marchó a la perfección.
Rato después tomaron su vuelo y emprendieron el viaje de sus vidas. Llegaron a Sydney y quedaron maravillados, pidieron un Martini espresso mientras caminaban por el Puerto Darling.
En la otra punta del mundo, dos padres reciben el llamado de un secuestrador que no pide recompensa, solo avisa que no volverán a ver a sus hijos nunca más. Se replantean toda su vida en una llamada, en un lapso de cinco minutos sienten que mueren en vida.
La madre piensa que ya no es la mujer malvada de la infancia de sus hijos, que cambió, pero ya no vale. No los verá nunca más.
Desconsolada pide ayuda a viva voz en la calles, radios, televisión. Piensa en su hija Gretel que pronto cumplirá los quince años, en la fiesta que estaba casi lista y ya no se festejará.
Raúl piensa en Hansel, en el tiempo que pasaron juntos pero no fue capaz de sostener una conversación con él. Siempre quejándose de todo, acoplándose a lo que su
mujer decía y creía. Pero ya es tarde…
Como resultado: dos padres hundidos en la depresión y el arrepentimiento tardío.
Mientras dos jóvenes celebran una nueva vida en Australia.
