Un lector del El Sol nos contó la situación que vivió en una conocida clínica de Guaymallén. Había llevado a su pareja para ser atendida. En la cola, tras la revisación médica, otros pacientes esperaban internarse en ese sanatorio. Varios venían con dolencias importantes, que requerían más asistencia. Pero, cuando les decían que pertenecían a tal obra social, de inmediato, el empleado les señalaba que primero debían abonar una importante suma de dinero para quedarse. Como no disponían de esa cifra, los enfermos se iban quejándose de sus dolencias a otra parte. Reflejos de la crisis y de la confianza sobre algunas prepagas.