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La recuperación de la actividad económica no logró traducirse en una mejora de la calidad de vida de los trabajadores. Mientras la economía registró un crecimiento interanual del 2,3% durante el primer trimestre de 2026 y la desocupación se mantuvo prácticamente estable en el 7,8%, el mercado laboral mostró una tendencia hacia la precarización: aumentó la informalidad, retrocedió el empleo formal y creció con fuerza la cantidad de activos que buscan desesperadamente mejores oportunidades.

Los datos surgen de dos estudios recientes que, analizados en conjunto, permiten observar una radiografía profunda y preocupante del mundo del trabajo. Por un lado, un informe de la consultora Analytica reveló que la informalidad alcanzó al 44,2% de los ocupados, el nivel más alto de la serie reciente. Por otro, el estudio global Randstad Employer Brand Research 2026 mostró que el 33% de los trabajadores argentinos planea cambiar de empleo y que el 10% ya lo hizo efectivamente durante el último semestre.

La aparente estabilidad del desempleo oculta una dinámica destructiva del mercado laboral. Según Analytica, durante el último año se perdieron 166.800 puestos de trabajo formales, mientras que el empleo “en negro” incorporó 379.600 personas. Como resultado, el empleo total creció en 212.800 trabajadores, aunque impulsado casi exclusivamente por ocupaciones de menor calidad.

Es decir que la informalidad funcionó como el principal amortiguador entre una oferta laboral en alza y una demanda de empleo en blanco en pleno retroceso.

El crecimiento desigual

Uno de los aspectos más llamativos del período es que la evolución del empleo rompió los manuales económicos. En general, cuando la actividad crece, las empresas suman y formalizan trabajadores. Sin embargo, durante el arranque de 2026 varios sectores que incrementaron su producción redujeron simultáneamente su cantidad de empleados.

Entre ellos aparecen transporte y comunicaciones, servicios financieros, enseñanza y actividades primarias; ramas que concentran un tercio del empleo del país y que tienen, en promedio, niveles de informalidad estructuralmente más bajos.

En cambio, el empleo generado se concentró con fuerza en actividades donde la precarización tiene históricamente una presencia dominante. La construcción, por ejemplo, exhibió una tasa de informalidad cercana al 74%, mientras que hoteles y restaurantes superó el 59%. Esta composición sectorial explica por qué la economía logró expandirse sin que ello derivara en un bienestar equivalente para los trabajadores.

El salario, principal motivo de insatisfacción

Este escenario de precarización e inflación impacta de lleno en la psicología del trabajador argentino. Según Randstad, la principal razón mencionada para abandonar un puesto es la baja remuneración, señalada por el 50% de los encuestados, un factor que toma mayor preponderancia a medida que aumentan los costos de vida.

Le siguieron la falta de oportunidades de desarrollo profesional (36%), los problemas para equilibrar la vida laboral y personal (27%) y los ambientes de trabajo negativos (26%).

Existe una distancia sideral entre las expectativas y la realidad que ofrecen las empresas. El 70% de los encuestados considera que un salario competitivo y beneficios atractivos son el atributo clave de un empleador ideal, seguido por un buen clima laboral (67%) y oportunidades de crecimiento (63%). Sin embargo, esos mismos aspectos aparecen como los principales déficits cuando los trabajadores evalúan sus empleos actuales.

Al respecto, Andrea Ávila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, advierte que esta brecha obliga a las organizaciones a revisar su cultura y sus estilos de liderazgo: “El talento tiene hoy expectativas multifacéticas y mucho más amplias y personales, por eso, cuando hablamos del trabajo, en las organizaciones empezamos a hablar de realización personal, de bienestar e incluso de felicidad”.

Jóvenes: menos desempleo, más informalidad

Los trabajadores jóvenes protagonizan una de las principales transformaciones observadas durante el último año. Las tasas de desocupación entre quienes tienen entre 14 y 29 años mostraron una mejora respecto de 2025. Sin embargo, el acceso al empleo se produjo mayoritariamente a través de ocupaciones informales.

Entre los trabajadores de 16 a 24 años, la informalidad alcanzó el 67%, el valor más alto entre todos los grupos etarios y 24 puntos porcentuales por encima del promedio general.

Al mismo tiempo, son los jóvenes quienes manifiestan una mayor predisposición a cambiar de empleo. Según Randstad, el 39% de los integrantes de la generación Z planea buscar nuevas oportunidades laborales, frente al 35% de los millennials, el 23% de la generación X y el 19% de los baby boomers.

El impacto en las mujeres y los jefes de hogar

El informe de Analytica introduce además una marcada brecha de género y una severa advertencia social sobre la estructura familiar.

Entre las mujeres, el desempleo descendió y aumentó la tasa de empleo (48,3%), pero la informalidad femenina alcanzó el 44,4%, superando por casi tres puntos porcentuales a la masculina.

La encuesta de Randstad agrega otro elemento: las mujeres mencionan con mayor frecuencia que los hombres la baja remuneración como motivo para abandonar un empleo. El 52% de las trabajadoras señaló el salario como principal razón de renuncia, frente al 48% de los varones.

Otro dato destacado del trimestre lo dan los jefes y jefas de hogar. Mientras la tasa de empleo nacional registró una leve mejora general, entre quienes constituyen la principal fuente de ingresos de sus familias se observó una caída del empleo (del 66,2% al 65,8%) y un incremento de la desocupación.

Los especialistas advierten que el deterioro laboral de los principales sostenes económicos del hogar suele tener efectos que trascienden al trabajador afectado. Esto suele activar el fenómeno del “trabajador adicional”, forzando a que otros integrantes del hogar —muchas veces menores o adultos mayores— salgan a buscar ingresos complementarios informales para evitar caer bajo la línea de pobreza.