Cristina Kirchner.

La corrupción mata. La prueba más palmaria de tal afirmación ha sido, en la Argentina, la tragedia de Once, sin lugar a dudas. El 22 de febrero del 2012, a las 8.33, la formación 3772 de la Línea Sarmiento, identificada con la chapa 16, arrugó su formación contra los paragolpes de contención de la plataforma número 2 de la estación por no frenar nunca a tiempo y como debía hacerlo. El accidente dejó como saldo 52 personas muertas y casi 800 heridas.

La tragedia, de las más impactantes que haya tenido la historia ferroviaria del país, obligó a la Justicia a instruir dos juicios para identificar a los responsables. Por el primero, que concluyó en el 2014, fueron condenados los empresarios al frente de la concesionaria del servicio y en el 2018 el segundo, en el cual sería condenado por administración fraudulenta Julio de Vido, el mismo que el martes fue absuelto por falta de pruebas en la causa Vialidad, por la que se condenó a 6 años de cárcel a la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, casualmente, por el mismo delito: defraudación al Estado.

Claro que la corrupción también mata, convirtiendo a la muerte en la peor de sus consecuencias; es esa su cara más abominable y repugnante. Además de matar muchas veces, como ocurrió en Once, degrada la calidad de los servicios públicos y le termina restando o sacando oportunidades de un mejor pasar a los que más necesitan del Estado. Quién lo duda.

Siete años antes del accidente, en el 2005, el gobierno de Néstor Kirchner comenzaba a ejecutar una operación en dos tramos de compra de unidades ferroviarias usadas a España y Portugal. La inversión estimada era varias veces millonaria, ascendiendo a unos 200 millones de euros, aunque se habría ejecutado la mitad. En el 2006 se haría una segunda compra de coches para anexarlos en los servicios de trenes de Buenos Aires incluyendo otros como repuesto. De acuerdo con lo que se conocería años más tarde, el Gobierno seguiría con esas adquisiciones hasta el 2010, bien entrado el gobierno de la hoy vicepresidenta, condenada en la causa Vialidad. Pero todo formó parte de una gran estafa al Estado. Cuando tales actos ilícitos salieron a la luz, se comprobó que lo que se había comprado no servía para nada, que sólo resultó ser una montaña de chatarra que se utilizó para el enriquecimiento ilícito de algunos de los que intervinieron, como el ex secretario Ricardo Jaime, por ejemplo.

La corrupción estructural, convertida en una suerte de endemia en Argentina, de muy difícil resolución, es uno de los pilares en los que se basa la decadencia nacional. El fallo del TOF número 2 en la causa Vialidad ha significado una rareza a la luz del paso de tantos años de impunidad que han protegido a las administraciones de gobierno y a sus principales funcionarios. Y, por supuesto, que puede que se convierta en una bisagra, en un punto de inflexión de aquí en más para cambiar lo que viene establecido y enraizado en cuanto a la administración de los bienes y recursos públicos. Y esos 84.835.227.300 de pesos que la Justicia ha ordenado restituir al erario público por parte de la vicepresidenta, una vez que la sentencia quede firme, debiesen ser destinados a mitigar en parte lo que tanto desatino y abusos en el manejo de los fondos de todos, han provocado. Como que también, de una vez por todas, el Congreso tendría que dar pasos decisivos para incorporar la condición de la ficha limpia para los candidatos electivos. Si así fuese, y más allá de lo que haya asegurado la vicepresidenta luego de ser condenada, probablemente su nombre no podría estar en ninguna lista, más allá de sus intenciones.

El caso de los trenes en Argentina, de aquellos negociados de Jaime y De Vido cuando recién arrancaba la era K, el del triste accidente de Once que no se evitó, además, por falta de controles y de apego oficial por el buen funcionamiento de los servicios públicos, también tiene mucho que ver con lo que ocurrió este miércoles en Mendoza, con la llegada de un tren de pasajeros a La Paz, el primero, tras casi 29 años de ausencia. Un tren que demoró 36 horas desde que salió de su lugar de origen, en Retiro, Buenos Aires, el lunes en la noche.

Este miércoles se festejó abiertamente en La Paz la llegada de la formación. Probablemente ocurra lo mismo cuando logre unir Mendoza; o cuando se dirija nuevamente hacia el Sur de la provincia, hacia pueblos y parajes de los que formó parte de la comunidad durante tantos años hasta que las políticas, claramente desacertadas sumadas a visos corruptos, lo hicieron desaparecer, a comienzo de los 90, entre otras cosas, para beneficiar a las corporaciones de empresarios y gremios vinculados al negocio de carga por medio de camiones.

La degradación es tan profunda que les permite a los funcionarios, con altísima capacidad de manipulación, tomar el acto para valerse del aplauso y los vítores de un grupo de personas que festejan el arribo de un tren tras 36 horas de viaje y que, en vez de hacerles notar el fastidio por tanta afrenta de años en su contra y tanto uso de su buena voluntad, les demuestra paciencia y su don piadoso.