Los autores del asalto que terminó con la vida de Juan Carlos Córdoba (72), el comerciante que murió el martes más de tres meses después de ser baleado en Las Heras, fueron por demás desprolijos a la hora de actuar.

No tuvieron en cuenta las diversas cámaras de seguridad que había en la zona, las cuales los captaron; olvidaron un matafuego que utilizaron para hacerse pasar por clientes y ante la mínima resistencia que ofreció la víctima, lo atacaron de manera letal.

Pese a eso, para los detectives la suerte corrió de su lado. En primer lugar, porque las imágenes de las cámaras que los tomaron no son lo suficientemente claras como para identificarlos, sumado que utilizaban barbijo.

También se obtuvo una filmación del auto en el que se movilizaban, pero en las mismas no se alcanza a apreciar la chapa patente. 

En segundo lugar, en el matafuegos, que parecía ser la prueba clave de la instrucción, no había ningún tipo de huella que conduzca a los maleantes. Tampoco se levantó ningún rastro en la escena.

Por último, no hubo testigos presenciales. Ni siquiera el propio Córdoba pudo describir a los autores durante los 99 días que permaneció con vida en el Hospital Central.

Esto porque jamás pudo recuperarse del balazo que recibió como para poder declarar en el expediente o, al menos, ser entrevistado por los detectives policiales del caso.

Los esfuerzos de los pesquisas tampoco condujeron a buen puerto. Se realizaron diversas tareas de campo para ubicar el Renault Sandero blanco que tomó una cámara de seguridad y que los autores dejaron estacionado a unas tres cuadras del lugar del hecho.

Una pista sugirió que había sido visto por aquellos días en la zona limítrofe del oeste de Ciudad y Las Heras. Pese a las labores de vigilancia y averiguaciones en ese sector, el rodado no puedo ser hallado.

Incluso, se trabajó una hipótesis alternativa al robo, profundizando sobre el entorno de la víctima. El resultado también fue negativo y los investigadores se encontraron en un callejón sin salidas.

Así las cosas, la causa que lidera la fiscal de Homicidios Claudia Ríos se encuentra sin detenidos ni sospechosos identificados. 

Ahora, tras la muerte de Córdoba, las autoridades esperan que surjan nuevas pistas sobre las que profundizar y así lograr algún significativo en el expediente. 

Ataque, agonía y muerte

Corrían las 9 del lunes 26 de abril cuando Córdoba salió de su casa de calle Moreno al 1100, caminó algunos metros para abril su taller de venta, recarga y reparación de matafuegos. 

La víctima recién estaba abriendo a puerta del local, cuando arribaron dos jóvenes con un matafuegos. De acuerdo con las imágenes que los tomaron, unos metros antes de llegar al lugar, uno vestía campera celeste y el otro un buzo rojo. 

Ver también: La dura recuperación de víctimas de inseguridad que quedaron al borde de la muerte

Córdoba los hizo pasar al local, pensando que buscaban una recarga, pero en el interior lo sorprendieron al apuntarle con un arma de fuego y exigirle un dinero. 

El comerciante se resistió al robo, pero recibió dos fuertes cachazos en la cabeza por parte del malviviente que portaba el arma. Acto seguido, el mismo sujeto le propinó un disparo en la nuca.

Los testigos sostuvieron que, tras escucharse la detonación, vieron a los dos sujetos salir corriendo del lugar. Se dirigieron hasta donde se encontraba el Renault Sandero blanco, con el que se dieron a la fuga. 

La hija de Córdoba, que vivía en un departamento localizado detrás del taller, fue una de las primeras en llegar a la escena. Encontró a su padre malherido y dio aviso a la línea de emergencias 911.

A partir de allí iniciaron las labores policiales en el lugar, mientras que a la víctima la trasladaron hasta el Hospital Central.

Las primeras semanas, su salud se vio complicada por los dos golpes que recibió en el cráneo, cuadro que lo mantuvo intubado y en Terapia Intensiva. 

Si bien mostró una leve mejora, en los últimos días contrajo un virus intrahospitalario que le derivó en una neumonía. Finalmente, tras más de tres meses de agonía, dejó de existir.

Pese a que la víctima no falleció directamente producto de las lesiones que le causaron los delincuentes, la fiscal determinó que el caso se investigará como un homicidio. Esto porque fue el estado en que lo dejaron tras el ataque, el que provocó que se viera afectado por un virus letal.