Diez meses de seguimientos, observaciones, análisis de información y reconstrucción de movimientos terminaron de cerrar el círculo durante la noche del jueves y la madrugada del viernes en una propiedad de Luján. Cuando los efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) irrumpieron en el domicilio de calle San Martín al 4200 encontraron mucho más que el punto de una maniobra de narcomenudeo: había cocaína en panes y marihuana en bolsas y en grandes cantidades, dinero en efectivo, una importante cantidad de armas y casi dos mil municiones.
También secuestraron teléfonos celulares, que serán claves para peritar y conocer qué tipo de información guardaban.
El principal sospechoso detenido fue identificado como José María Quinteros, nacido el 16 de junio de 1990 y con antecedentes por una investigación relacionada con drogas de hace unos años, al igual que tenencia de arma.
El hombre también había tenido domicilio en Dorrego, Guaymallén, y quedó ahora bajo la lupa de la Justicia federal, que busca determinar cuál era su verdadero rol dentro de una posible estructura dedicada al movimiento y distribución de estupefacientes en el Gran Mendoza.
La investigación quedó en manos del fiscal federal Daniel Rodríguez Infante y tuvo como protagonistas a los investigadores de la Unidad Operacional del Control del Narcotráfico y el Delito Complejo (UOCN) y la DC Centro de la PSA, quienes profundizaron una pesquisa que ya había tenido un antecedente en esa misma propiedad hace unos meses.

Una casa que ya estaba en la mira
El domicilio de San Martín no era desconocido para los investigadores. En marzo, la Policía contra el Narcotráfico (PCN) había realizado un allanamiento en ese lugar y había encontrado una cantidad menor de sustancias.
En aquella oportunidad, la sospecha estaba relacionada con las típicas maniobras de pases de mano y narcomenudeo que se habían detectado alrededor de la propiedad.
Pero para los investigadores de la PSA aquel procedimiento no significó el cierre de la historia. Por el contrario, el lugar quedó incorporado a una pesquisa mucho más amplia.
Durante los siguientes meses comenzaron a profundizar las tareas de inteligencia. Hubo seguimientos, análisis de movimientos y recopilación de datos sobre personas y vehículos que aparecían vinculados con el domicilio. Entre los autos observados durante la investigación aparecieron un Renault Sandero y un Honda, utilizados en distintas maniobras que los pesquisas vincularon con el traslado de sustancias.
La hipótesis comenzó a alejarse de la imagen de un simple punto de venta.
Los movimientos observados durante meses hicieron sospechar que desde ese lugar podían desarrollarse maniobras de mayor volumen, relacionadas con el traslado y distribución de estupefacientes en distintos departamentos de la zona metropolitana.
La PSA siguió esa línea hasta reunir los elementos que consideró suficientes para avanzar sobre la propiedad. Previamente, ya habían decidido “cortar” el vehículo y hallaron sustancias en su interior. Y el resultado del procedimiento terminó mostrando una dimensión diferente de la que había quedado expuesta inicialmente.
Cocaína, marihuana y armas
La información a la que accedió El Sol sostiene que durante el procedimiento fueron secuestrados 3,084 kilos de cocaína, distribuidos en tres panes grandes, un cuarto de menor tamaño y distintas dosis o “ravioles” preparados para su comercialización. También encontraron 2,720 kilos de marihuana, distribuidos en 12 bolsas de igual tamaño.
Pero hubo otro hallazgo que tomó especial relevancia para los investigadores: las armas.
En total fueron secuestradas 23 armas de fuego, entre ellas nueve pistolas, además de revólveres y rifles.
El arsenal estaba compuesto por armas calibre 32, 38 y 44; pistolas 9 milímetros, 22 y 45; dos rifles y un total de 1.784 municiones correspondientes a distintos calibres.
La cantidad y variedad del armamento abrió una segunda línea investigativa. Los pesquisas no solamente buscan establecer por qué Quinteros tenía semejante cantidad de armas y proyectiles.
Una de las teorías que comenzó a tomar fuerza es que algunas de esas armas podrían haber estado destinadas para el alquiler o ser facilitadas a terceros para la comisión de delitos.
Esa posibilidad todavía forma parte de la investigación y deberá ser respaldada con elementos concretos. Pero la presencia de 23 armas en el mismo domicilio donde se encontraron kilos de sustancias ilegales y dinero en efectivo que podría estar relacionada con la comercialización convirtió al armamento en una pieza central del expediente que quedó en manos del Área de Casos Sencillos.
No se trata solamente de establecer quién tenía las armas, sino para qué las tenía, quiénes podían acceder a ellas y si alguna terminó en manos de personas involucradas en otros hechos delictivos.

Dinero en pesos y dólares
La escena encontrada por los efectivos se completó con dinero en efectivo, tanto en pesos como en dólares. La cantidad de billetes encontrados será ahora objeto de análisis dentro de la causa, especialmente porque apareció junto con droga y elementos que, según la hipótesis investigativa, podrían estar relacionados con una estructura de comercialización.
Para los investigadores, el dinero puede convertirse en otra vía para reconstruir movimientos, operaciones y posibles contactos.
Por la información a la que accedió este diario, la causa intenta determinar si esos fondos corresponden a la comercialización de estupefacientes, al movimiento de armas o a otras actividades vinculadas con la banda que se intenta identificar.
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La pista del envoltorio
Uno de los aspectos más llamativos del procedimiento es que la cocaína secuestrada en Luján presenta una característica que ya había aparecido en otras investigaciones de narcotráfico en Mendoza en los últimos meses y también días.
Los panes estaban envueltos con cinta verde y amarilla y presentaban un sello con la figura de un delfín.
Esa presentación es similar a la observada en los casi 34 kilos de cocaína secuestrados el 1 de septiembre en el barrio Pujol de Guaymallén, un procedimiento de la PCN de Investigaciones de Mendoza que derivó en la detención de tres hombres y que abrió una causa para determinar quién se encuentra detrás del ingreso de grandes cargamentos de droga a la provincia.
También tiene similitudes con los 90 kilos de cocaína secuestrados en Maipú el 28 de noviembre del año pasado, otro de los grandes procedimientos de narcotráfico registrados en la historia Mendoza.
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La coincidencia del envoltorio y del sello no permite afirmar, por sí sola, que se trate de la misma organización o del mismo cargamento. Es, por ahora, un dato que deberán analizar y cruzar con el resto de las evidencias.
La hipótesis que manejan quienes trabajan sobre estas investigaciones de narcocriminalidad es que la droga podría tener un mismo origen o proveedor del norte del país y que habría ingresado a Mendoza desde Bolivia, como sucede en la mayoría de los casos cuando se habla del polvo blanco.
