Robaban de noche, cuando los locales se preparaban para cerrar, y casi siempre eran dos. Uno llevaba un arma de fuego y el otro se encargaba de tomar el dinero y las pertenencias. Otro esperaba en un auto. Los policías de la Comisaría 45ª, la Unidad Investigativa y Robos y Hurtos comenzaron a encontrar las mismas características en distintos asaltos cometidos entre fines de agosto y principios de septiembre.
Las cámaras de seguridad de los locales fueron claves. En las últimas horas, una serie de allanamientos terminó con un sospechoso detenido y varios celulares secuestrados. Uno de los malvivientes ya había caído tras uno de los golpes en una reconocida carnicería.
La banda había encontrado una modalidad que le daba resultado. Elegía comercios de Dorrego, en Guaymallén, y aparecía durante la noche, generalmente cuando quedaba poco tiempo para el cierre. Eran dos malvivientes. Uno mostraba el arma y sometía a empleados y clientes; el otro avanzaba sobre las cajas y se llevaba el dinero. Generalmente cubrían sus rostros con gorras y barbijos. Pero hacían poca inteligencia: ya que perdían noción de que los comercios tenían cámaras de seguridad.
Durante varios días, entre fines de agosto y los primeros días de septiembre, repitieron la maniobra en distintos locales. Pero dejaron algo que terminó jugando en su contra: las cámaras registraron buena parte de sus movimientos.
Los efectivos de la Comisaría 45ª ya venían siguiendo la pista. El trabajo se profundizó con personal de la Unidad Investigativa departamental y la División Robos y Hurtos, que comenzó a cruzar las imágenes de los diferentes hechos, tal como se desprende de la información a la que accedió El Sol.
La descripción de los asaltantes, la ropa, el arma utilizada, los horarios y el vehículo en el que se movilizaban fueron formando una misma historia.
Uno de los datos que apareció en la investigación fue un Peugeot 408 gris, señalado como el vehículo utilizado por los integrantes de la banda. Otro dato llevó a los pesquisas hacia Godoy Cruz: varios de los hombres vinculados a los robos serían oriundos de ese departamento, principalmente del barrio Parque Sur.
Y hubo algo más. En medio de los distintos asaltos, los delincuentes fueron dejando rastros. Entre las pertenencias que terminaron incorporadas a la causa apareció incluso un cuellito utilizado para cubrirse, una de esas pequeñas evidencias que, aisladas, pueden parecer insignificantes, pero adquieren otro valor cuando son comparadas con las imágenes de los distintos hechos.
Un robo que terminó con uno de los sospechosos reducido
Uno de los episodios investigados ocurrió en Granja Benedetti, ubicada en Dorrego al 1700. Eran aproximadamente las 20.10 cuando dos hombres ingresaron al comercio. Uno llevaba una pistola de color plateado. El objetivo fueron las cajas, de donde consiguieron sacar unos 150.000 pesos en billetes chicos. Había dos cajeras y una encargada.
Pero la fuga no salió como esperaban. Cuando intentaban abandonar el local, un empleado de la fiambrería ubicada junto a la puerta logró cerrar el acceso. El delincuente quedó atrapado y se produjo un forcejeo. Con la ayuda de otros trabajadores, consiguieron reducirlo.
Cuando llegó personal policial, el sospechoso estaba tendido sobre el asfalto, prácticamente sin ropa. Solo el bóxer cubría sus genitales. Los efectivos procedieron a detenerlo y trasladarlo. Lo identificaron luego como Guillermo Alberto Pérez, de 42 años. Su rostro lleno de sangre fue evidencia de la aprehensión ciudadana.
No fue solo eso: tenía domicilio en el Parque Sur de Godoy Cruz. En pocas palabras, una pista clave para el futuro de la causa.
El dinero que había alcanzado a tomar fue recuperado por la encargada del comercio, de 45 años y domiciliada en Las Heras, quien también brindó su testimonio en el expediente que lidera el fiscal Galdo Andreoni.
El segundo asaltante logró escapar corriendo por calle Castellanos hacia el oeste. Ese episodio terminó aportando una pieza importante para la investigación, ya que uno de los sujetos quedó directamente relacionado con uno de los robos a partir de la intervención de las propias víctimas.

La misma pistola y otro comercio como blanco
Otro de los hechos ocurrió en la farmacia La Botica, ubicada en Cobos al 1802. Nuevamente fueron dos delincuentes y nuevamente uno llevaba una pistola plateada.
Los asaltantes ingresaron con los rostros cubiertos a las 21 y amenazaron a las personas que estaban en el lugar. Entre las víctimas había tres clientes y tres empleados, entre ellos el encargado.
Se llevaron billeteras con documentación, teléfonos celulares y otros objetos personales. Pero, como en otros episodios de la banda, fueron directamente hacia el dinero. De una caja de seguridad sustrajeron aproximadamente 773.000 pesos. También se llevaron un teléfono celular perteneciente a la farmacia.
Las descripciones entregadas por las víctimas permitieron establecer características de los dos hombres. Uno era delgado, de aproximadamente 1,60 metro de altura, y vestía prendas oscuras. El segundo medía cerca de 1,80 metros, también era delgado, tenía ojos claros y llevaba el rostro cubierto. El arma volvió a aparecer como una constante.
El golpe en Central de Bebidas
Otro de los episodios investigados ocurrió en Central de Bebidas, sobre el lateral sur del Acceso Este y Cañadita Alegre. Allí los delincuentes también fueron dos y el horario fue similar a los otros: las 21.30.
Uno llevaba gorra roja, barbijo blanco, buzo gris, pantalón de jean oscuro y zapatillas blancas. Era quien exhibía la pistola gris. El segundo llevaba ropa oscura y permanecía junto a él durante el asalto.
El cajero fue obligado a entregar el dinero de una de las cajas. El delincuente revisó después la otra registradora, aunque allí no encontró efectivo. Los trabajadores y clientes fueron obligados a tirarse al piso. El hombre armado tomó el control de la situación mientras su cómplice avanzaba por el comercio.
Antes de escapar, además del dinero, se llevaron algo que terminó llamando la atención: dos botellas de fernet, dos gaseosas y una botella de vino que pertenecía a uno de los clientes. Después corrieron hacia el oeste por el lateral del Acceso Este.
Las cámaras internas y externas permitieron reconstruir buena parte de la secuencia. Para los investigadores, esas imágenes se transformaron en una de las principales herramientas para comparar ese asalto con los demás.
Las cámaras empezaron a unir los robos
La investigación tomó otra dimensión cuando los policías comenzaron a observar los hechos en conjunto. No eran solamente dos hombres entrando a comercios con un arma. Se repetían determinadas características: los horarios nocturnos, la elección de locales próximos al cierre, la cantidad de integrantes, la forma de reducir a empleados y clientes, el arma de fuego y la manera de escapar.
Las imágenes permitieron comparar prendas, contexturas y movimientos. También entró en escena el Peugeot 408 gris.
Mientras avanzaba el trabajo, fueron identificando domicilios y personas que podían estar relacionadas con la banda. El recorrido llevó hacia Godoy Cruz y, especialmente, el barrio Parque Sur, donde aparecieron varios de los domicilios que terminarían incluidos en las órdenes de allanamiento.
El trabajo conjunto entre los policías que habían intervenido inicialmente en los robos y los investigadores permitió avanzar desde las descripciones de las víctimas hacia personas concretas.
Así fue que, en los últimos días, se desarrollaron tres allanamientos. Los dos primeros fueron en el barrio Parque Sur. Ambos terminaron con resultado negativo respecto de los elementos que se buscaban. El tercero se concretó en una vivienda del loteo Di Rocco, en Guaymallén.
Allí detuvieron a Carlos Ariel Echenique Mallea, quien fue aprehendido y trasladado a la Comisaría 9ª. El hombre, además, tenía un pedido de captura vigente.
En la vivienda fueron secuestrados cinco teléfonos celulares: tres Samsung, un TCL y un Motorola. Los aparatos quedaron incorporados a la investigación para determinar si contienen información vinculada con los robos.
Pero hubo un elemento que llamó especialmente la atención de los investigadores.
Al momento del allanamiento, Echenique tenía puestas las mismas prendas de vestir y el mismo calzado que, según las imágenes y el análisis realizado durante la investigación, habría utilizado el día de los hechos. Por ese motivo, el fiscal del caso dispuso también el secuestro de esa ropa y del calzado.

