En medio de los golpes que día tras día le da la pandemia del nuevo coronavirus a la mayor parte del mundo occidental, en Mendoza se ha festejado fuerte en las últimas horas la llegada de una remesa importante de reactivos enviados por la Nación, de unos 100 en total, más aquella otra de inminente recepción de alrededor de 10 mil que la Provincia compró a un laboratorio de Corea del Sur.
El festejo se ha asemejado al de una pequeña –pero no menos importante– batalla contra el virus. Es que el contar más reactivos permitirá multiplicar los testeos, un reclamo que no pocos especialistas le vienen haciendo al Gobierno nacional de Alberto Fernández. Con más testeos, como lo vienen haciendo los países que lograron bajar la letalidad de la enfermedad, se cuenta con más información y un panorama mucho más certero que el que el área de Salud se puede llegar a imaginar cuando hace una proyección de lo que puede llegar a pasar con la curva de crecimiento del COVID-19 que se espera para los próximos días.
Los testeos que ahora comenzará a realizar Mendoza por su cuenta, sin tener que depender del Instituto Malbrán, como ha venido sucediendo hasta el momento, no sólo permitirán saber con más celeridad, en el transcurso de cinco a seis horas, si la persona sometida al análisis contrajo la enfermedad. También esos testeos se extenderán al círculo más cercano del paciente si es que el resultado fue positivo.

Pero, por sobre todas las cosas, puede que esta nueva etapa o fase que inicia la Provincia contra la enfermedad, le brinde una ganancia de tiempo y, a la vez, una oportunidad de comenzar a reactivar regularmente, y por segmentos o tramos, la economía, que, con su caída abrupta, se ha convertido en la otra pandemia que ha comenzado a espantar al mundo. Al margen, claro está, de la prioritaria salud de las personas, que ha sido el común denominador en todos los países afectados, con la excepción de unos pocos, en donde Brasil quizás ha sido el caso más llamativo de haber remado contra la corriente: ignorando los encierros masivos para evitar frenar el movimiento económico del país.
El gobernador Rodolfo Suarez cree que la cuarentena puede flexibilizarse por zonas buscando que los efectos negativos sobre la economía no se sigan extendiendo. Es un asunto que lo ha venido hablando con el presidente Fernández. Por ahora, lo que prima, desde ya, y así quedó probado el domingo, cuando se extendió la cuarentena obligatoria hasta el 12 de abril en todo el país, es el encierro masivo de la población para impedir que el virus se extienda. Pero aquí, en Mendoza, se analiza que paulatinamente la cuarentena se podría flexibilizar con algunas actividades y regiones.
Tanto es así que el sábado, un día antes de que se extendiera la cuarentena, Suarez había dispuesto exceptuar algunas actividades económicas, como los talleres mecánicos y las casas de repuestos, el servicio de mantenimiento de hardware, la venta de equipos e insumos informáticos y de comunicaciones y el rubro de la venta de materiales de construcción y profesionales de la ingeniería. La resolución que habilitaba la actividad de esos rubros duró un puñado de horas publicada en el Boletín Oficial hasta que se dio marcha atrás. Voceros del propio Gobierno confiaron que desde las intendencias se levantaron algunas quejas por la imposibilidad de las mismas comunas de poder ordenar el descontrol del movimiento de los vecinos de un lado a otro. Entonces se dejó sin efecto. Oficialmente se informó que por “criterios sanitarios” se mantenían sólo aquellas actividades del comienzo.

En el Gobierno se piensa que con el mayor testeo se sabrá con más precisión cuántas personas son las afectadas. Y si se multiplican por zonas, en todo el territorio, el Ejecutivo provincial y los municipios conocerán qué es lo que está ocurriendo en realidad. Con esa información, Suarez está convencido de que algunas actividades podrían volver a ser habilitadas, incluso por zonas libres de la circulación del virus, las que serían sometidas –afirma– a un estricto control en el movimiento de las personas.
El impacto económico, avizoran, será durísimo para la Provincia y las intendencias. Sólo en el concepto de la recaudación advierten que la merma podría alcanzar los catastróficos niveles del 50 por ciento. Por ahora, la vista sigue puesta en el esquema de salvataje de la Nación y en la promesa que ha hecho la Presidencia de asistir a los Estados provinciales con recursos extra. Las medidas, sin embargo, demoran por la complejidad de su implementación. Incluso, al nivel de la economía real y lo que se ha adelantado que se ejecutará, como el refuerzo en el subsidio por desempleo y en las líneas de financiamiento destinadas a las pymes.
