Es inminente el anuncio de la prórroga de la cuarentena obligatoria hasta el 12 de abril. Es un hecho. La única duda que ayer se planteaba era si el presidente Alberto Fernández lo comunicaría hoy viernes, en algún instante del fin de semana o bien esperará hasta el martes 31, el punto final que se había establecido para este confinamiento inédito, obligatorio y necesario para frenar el avance del nuevo coronavirus.

El dilema que puede estar en la cabeza del presidente es cómo sigue todo esto. Es lo mismo que preocupa también en Mendoza y, claro, en el mundo entero: encontrar el punto justo para semejante decisión y poder identificar el momento en que el confinamiento y la cuarentena se transforman en más perniciosas por sus efectos económicos que por el consabido y comprensible temor a una enfermedad misteriosa, que avanza a tambor batiente y paso redoblado, y que hace estragos.

En verdad, ese es el debate que hay en el mundo y cruza por igual tanto a las derechas como a las izquierdas. No parece ser una discusión basada en las ideologías, sino más que nada en cuestiones puramente pragmáticas, concretas y de urgencias que se van resolviendo sobre la marcha. Pero, las diferencias entre los varios mundos que habitan en uno solo son astronómicas. Argentina, bajo la conducción política de Fernández no ha tenido dudas y se ha inclinado por priorizar la salud de la población. Lo han acompañado todos los gobernadores, los que son de su mismo partido o coalición y los que no, como ha sido el caso del mendocino Rodolfo Suarez. Pero, el país se acerca a un punto crítico. Y es cuando necesariamente tiene que encontrar las respuestas a las consecuencias que implicará seguir sosteniendo semejante freno a la actividad, en una nación que ya estaba en recesión y que tiene por delante, como pareciera, un futuro inmediato más complicado todavía en torno a la cuarentena. Para ser más concretos: hay barrios en los que el confinamiento es imposible de cumplir y de controlar. Y no es una situación exclusiva del primero y segundo cordón del conurbano bonaerense, las áreas más conocidas en el país por la penetración de los medios audiovisuales de alcance nacional. Son realidades que se observan en barriadas del Gran Mendoza o de cualquier otro importante conglomerado del país. Allí, la gente o vive hacinada o necesita de alguna forma salir a buscar el sustento diario bajo cualquier modalidad. Y no hay policía que pare ese movimiento.

En medio de todo este universo de situaciones a resolver aparecieron los primeros cortocircuitos entre la Nación y la Provincia. Era de esperar ante tanta incertidumbre y tanta información –sobredosis hay que decir– que circula por el mundo sobre la manera de combatir el coronavirus o, al menos, prevenirlo. Si hay que hacer más test de los que se realizan hoy en el país, si sirven los test rápidos que son usados en los países más avanzados, como Alemania, si hay que poner bajo análisis a la mayor cantidad de población posible, si es importante o no tener la información rápido para actuar, han sido las dudas que hoy tienen los gobernantes, tanto el presidente como Suarez y otros gobernadores. A eso se le suma la capacidad del sistema de salud para recibir un masivo flujo de enfermos, el número de camas y la cantidad de respiradores mecánicos que necesitarán los pacientes de cuidados intensivos de más gravedad.

Desde unos cuantos días atrás, entre el gobernador y el presidente había surgido una polémica alrededor de la coordinación de las medidas y, más que nada, de las cuestiones operativas para enfrentar lo que todos esperan. Suarez recién la hizo pública ayer, en dos entrevistas radiales, una de ellas con Celia Astargo, en el programa Buenos días, de LVDiez. Allí, el gobernador dijo que la Nación no le permitió continuar con una compra de respiradores mecánicos, además de culparla por el freno que ha sufrido o la demora a la llegada de cien reactivos que adquirió la Provincia de una firma de Corea del Sur.

Mendoza logró concretar la adquisición de los reactivos, mientras la Nación le había asegurado que le llegarían unos 500 y que, al menos hasta ayer, no habían sido recibidos. Mientras se esperaban los que debe enviar la Nación, Hacienda avanzó en el expediente administrativo, en las cuestiones presupuestarias y en los trámites de importación de reactivos. Parte fue demorada por la Nación. No sólo le ocurrió a Mendoza. Hay otras jurisdicciones a las que les pasó lo mismo. En voz baja, algunos gobernadores están hablando de “incautación”, lisa y llana.

En el Gobierno mendocino suponen que todo el material que se está comprando se retiene en Buenos Aires –como los respiradores que se entregaron en Córdoba– y que tiene como destino ser distribuido en Área Metropolitana de Buenos Aires y en el Chaco, las zonas más críticas afectadas por la enfermedad. Y, a raíz de esta situación, Suarez reveló que les pidió a los empresarios del Sur, que habían logrado reunir 250.000 dólares en una colecta entre ellos para adquirir respiradores mecánicos de una empresa en Córdoba, que no lo hicieran. “Anoche los llamé y les dije que no vayan a girar la plata, porque no les van a enviar los respiradores. Que veamos dónde podemos comprar”, dijo Suarez.

Junto con este tema puntual, los gobernadores y la Nación analizan cómo seguir, particularmente desde lo económico. Suarez ha pedido discutir algún tipo de flexibilización de la cuarentena en aquellas zonas en las que la pandemia lo permita, con el fin de que no se frene por completo la actividad económica. En estricto off, alrededor del presidente suponen que, a partir de la segunda quincena de abril, podría zonificarse el país y permitir la vuelta a la actividad, todo en función del avance de los contagios y de la eficacia del confinamiento.