En los Estados Unidos, el país que permitió el nacimiento de los gigantes Google, Facebook y Amazon, ya vaticinan desde varios años atrás las consecuencias inevitables y negativas que tendrá lo que se denomina el “desempleo tecnológico”. El avance sostenido y a un ritmo arrollador de las nuevas tecnologías no sólo no se frenará; a lo sumo podrá regularse y prever –en la medida que se pueda– cuáles podrán ser alternativas que habrá que encontrarles a ocupaciones tradicionales que seguramente serán remplazadas por la robótica y la mecatrónica.

La clave está sin dudas en la educación, para mitigar los efectos adversos de lo que serán avancen que no se podrán detener. En la educación, en la mayor formación y en la calidad de esa formación y educación, tanto individual como colectiva de la que tendrán que hacer alarde y esfuerzos para lograrla las diferentes sociedades, claro está.

Mendoza está en problemas, como lo está el país. Hace tiempo que se navega en el estancamiento o, como lo han demostrado los últimos resultados de las pruebas Aprender en la Argentina, en pequeños crecimientos y mejoras que no alcanzan para poder garantizarles a las nuevas generaciones que se incorporarán al mundo del empleo al menos un mínimo de éxito.

La pobreza, otro de los asuntos estructurales que se acarrean en el país por varias décadas, está íntimamente ligada a la calidad de educación y de formación. El Consejo Empresario Mendocino (CEM) acaba de dar a conocer su informe anual correspondiente al tramo educativo. Y allí, lejos de sorprender o de innovar en el diagnóstico que se conoce, pone el acento en el sistema educativo y en la necesidad de mejorarle la vida a los mendocinos abriendo la puerta al mundo del conocimiento. Una tarea, se reconoce, para nada sencilla y desprovista de complejidades, pero que, si no se ataca y se aborda en serio de una buena vez, en diez años –por hablar azarosamente de un tiempo perentorio– estaremos discutiendo las mismas cuestiones y lamentándonos de no haber empezado antes, como sucede por estas horas.

“La situación relativa de Argentina no es buena”, dice el informe de los empresarios al que accedió este medio y agrega: “En el ranking de competitividad 2018 nuestro país se ubicó 81 entre 140 países relevados. Si bien mejoramos 23 y 11 puestos respecto de los años 2016 y 2017 respectivamente, seguimos por debajo de países vecinos como Chile –líder regional–, Uruguay y Brasil y de otros latinoamericanos como México, Colombia y Perú”.

También el trabajo recuerda el lugar que ocupa Mendoza en el país respecto a la formación de sus chicos de la escuela primaria y secundaria. En Lengua, la provincia está tercera “con desempeños algo mejores que Buenos Aires y Santa Fe”. En Matemática “nuestra provincia está cuarta, con rendimientos similares a los de Buenos Aires y Santa Fe”.

Y la pobreza está absolutamente ligada al nivel educativo alcanzado por el jefe del hogar. Es una realidad que mientras mejor educación y de calidad una persona logra en su vida, más capacidades tendrá para eludir la pobreza o de caer en ella. El CEM sostiene, con datos oficiales que “del análisis surge que en 2018 alrededor del 42,2 por ciento de los jefes de hogar empleados no alcanzaron a completar la escuela secundaria son considerados pobres. Una proporción que cayó al 31 por ciento en el caso de los jefes de hogar empleados que completaron la secundaria”. Más aún: “Sólo el 19,8 por ciento de los jefes de hogar empleados que completaron la educación superior son considerados pobres”.

En momentos en que la política se enfrasca en la rosca previa a las elecciones, y cuando la pasión por el debate y la polémica ardorosa surge por cuestiones como suspender o no las PASO de agosto, recordarle a la dirigencia que quiere seducir a los votantes éstos asuntos estructurales y de fondo sin solución, no está mal.