Sobre el final del año y en las puertas de un 2015 electoral, buena parte de la política mendocina, con miras a los comicios, ha comenzado a pregonar la necesidad de darle cabida, de una vez por todas, a la minería, sobre todo por el impacto que tendría en la economía local y en la generación de empleo. 

Mientras avanzan los análisis de algunos proyectos en la Legislatura, sobre todo ambientales, y se demoran otros, la realidad es que la presión de los promineros ha vuelto a instalarse, en tanto que los detractores prometen volver al ruedo. 

Por eso, como el propio Gobierno admite que los resultados del desarrollo del sector se verán recién en 15 años, hay tiempo más que suficiente para estudiar el tema en profundidad, analizar experiencias foráneas, plantear debates serios y abiertos a todos los mendocinos, sin condicionamientos, mezquindades ni medias tintas. Porque, de continuar la desesperación por imponer algo, será, una vez más, el camino al fracaso.