El hombre asesinado el viernes por la noche.

A Juan Federico Ábrego lo mataron con precisión quirúrgica. Dos disparos certeros, uno al abdomen y otro al tórax, sellaron el destino de un hombre que desde hacía meses había sido sentenciado por personajes que operan tras las rejas. No fue un ajuste de cuentas al azar. Fue un crimen por encargo, pensado y ejecutado como una advertencia, sostienen fuentes consultadas por El Sol.

Ábrego, apodado el “Demonio” por su pasado como boxeador y de 47 años, trabajaba como placero para la Municipalidad de Las Heras. Vivía en el barrio 20 de Julio, una zona donde la calma es intermitente y las vendettas del mundo narco se mezclan con la vida cotidiana.

Allí, pasadas las 22 del viernes, fue emboscado por dos hombres que se movilizaban en moto. Golpearon su puerta, preguntaron por él como si fueran compañeros de trabajo, y cuando se aseguraron de que estuviera en el interior de su hogar después de un breve contacto con su familia, se retiraron. Volvieron minutos después y lo ejecutaron a sangre fría.

La secuencia no fue improvisada. De acuerdo con las fuentes del caso, los sicarios habían estado desde la tarde dando vueltas por el barrio, como si marcaran la rutina de su objetivo. El dato que sorprendió a los investigadores es que uno de los homicidas estaba en videollamada al momento del ataque.

Creen que la intención era grabar el asesinato y mostrarlo a quien había dado la orden: un grupo de presos de alto perfil involucrados en delitos contra la propiedad y narcotráfico que recientemente han caído en las redes policial es y judiciales (sus nombres se revelan por pedido de los pesquisas).

Según relataron las fuentes a este diario, que reveló el hecho de sangre, esos “personajes pesados” habían amenazado a Ábrego en una videollamada meses atrás. ¿El motivo? Una pelea que el Demonio tuvo con un vendedor de drogas de la zona, cercano a los detenidos. Lo golpeó en público y “lo desfiguró porque sabía de boxeo”. La afrenta no fue perdonada. Le advirtieron que se las iban a cobrar. Cumplieron.

El fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello quedó al frente de la instrucción y policías de esa división de Investigaciones trabajaban este domingo en más pruebas, debido a que también conviven otras hipótesis con respecto al móvil y el estilo de vida que llevaba la víctima.

En el barrio, la gente habla en voz baja, pero algunos ya señalaron al presunto autor de los disparos. Está identificado, y hay pruebas testimoniales que lo ubican en tiempo real al momento del crimen. Salió de la cárcel en mayo. Para eso, los sabuesos iban a desarrollar labores de campo en el seguimiento del recorrido de la moto a través de cámaras de seguridad en la zona.

Ábrego llegó sin vida al hospital Carrillo. Su familia lo trasladó en un vehículo particular, desesperada después de que recibiera los dos impactos de un arma de grueso calibre. Poco antes había estado duchándose, sin saber que lo acechaban. No tuvo tiempo de defenderse.