Un jurado popular halló culpables la tarde de este jueves a los tres detenidos por el crimen de Juan Carlos Moya, el carpintero asesinado a fines de 2017 durante un asalto en su casa de Guaymallén. Se trata de Diego Norberto Vildoza Soria (44), alias Pelado, Francisco Javier Agüero Toledo (50), conocido como Toro o Torito, y Lucas Sebastián Villanueva Figueroa (39)

Los doce ciudadanos sorprendieron al no inclinarse por la solicitud de la Fiscalía –representada por Fernando Guzzo y Gustavo Pirrello– para que los tres sospechosos fueron condenados por el delito de homicidio criminis causa en concurso real con robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, que prevé como única pena la prisión perpetua.

En cambio, decidieron hallar culpables a los acusados por el delito de homicidio en ocasión de robo, en los casos de Vildoza y Villanueva como partícipes primarios y a Agüero como autor. En ambos escenarios, arriesgan penas de entre 10 a 25 años. 

Al parecer, hubo un rápido consenso entre los integrantes del jurado para llegar al veredicto, que por lo general suele provocar largas esperas y en algunos casos se han dictado sentencias en horas de la madrugada. 

No obstante, en esta oportunidad, transcurrieron sólo unas cinco horas entre el final de los alegatos de cierre, que realizaron las partes entre la mañana y el mediodía, hasta la decisión que se ventiló en horas de la tarde de este jueves. 

Tras el veredicto, se deberá realizar una audiencia de cesura, en donde las partes solicitarán las penas que consideren adecuadas para cada uno de los imputados. Seguidamente, el juez Guiñazú dictará la sentencia final. 

El caso

Fue durante la siesta del 4 de noviembre de 2017, alrededor de las 16.30, cuando los tres detenidos junto a un cuarto sospechoso –sería Miguel Ángel Toledo, prófugo en la causa– llegaron a bordo de un Ford Fiesta Kinetic blanco al domicilio de la víctima, en calle Gutemberg al 900.

De acuerdo con la reconstrucción, dos de ellos, Agüero y Donoso, descendieron del vehículo y tocaron la puerta de la casa, donde también funcionaba la carpintería. 

Los dos maleantes fueron atendidos por el hijo de Moya, a quien estos les aseguraron que venían a pedir un presupuesto por la elaboración de unos muebles.

El joven les dijo que su padre estaba durmiendo la siesta y los sospechosos le apuntaron con armas de fuego, introduciéndolo a la fuerza a la vivienda, hasta llegar al dormitorio donde la víctima se encontraba junto a su esposa.

Al parecer, Moya se resistió al robo y enfrentó a los malvivientes. Fue allí donde le propinaron dos balazos que le impactaron en un brazo y en el abdomen, que le quitaron la vida en cuestión de minutos

En el escape, uno de los autores dejó caer un arma de fuego, la cual tomó el hijo de Moya y con la que efectuó algunos disparos para espantar a los asaltantes, que se dieron a la fuga en el Ford Fiesta.

Ese arma se transformó en una prueba clave, ya que en el cargador de la misma se halló una huella de Agüero.

Por su parte días después del hecho de sangre, se halló el vehículo que utilizaron los ladrones. Tras analizar el mismo, los peritos levantaron una huella de Vildoza en una de las manijas del rodado

En tanto, de escuchas telefónicas que se le realizaron a Vildoza días antes del asesinato, surgieron las conversaciones con los otros dos sospechosos. Las mismas colocaron a Villanueva como quien aportó el dato sobre un dinero que había cobrado Moya, el cual fueron a robar y desembocó en el crimen.