Los efectivos de la División Homicidios de Investigaciones esperaron pacientes la mañana de este domingo a que el cuevero Cristian Javier Ideme Parra llegara hasta la escuela técnica San José, ubicada sobre calle Uruguay 670, para emitir su voto.
Le dieron aviso a un par de colegas de la Unidad Especial de Patrullaje (UEP) y de UTRAM (Unidad Policial Metrotranviaria) que realizaban tareas de custodia en establecimiento educativo y cercaron la zona de la mesa 798.
Ideme Parra es conocido como el Gordo Javi y está en la mira desde hace meses por el asesinato del prestamista Matías Miralles (33), cometido a balazos el 9 de junio del año pasado en la Cuarta Sección de Ciudad por un par de sicarios que se movilizaban en una moto camuflada como si fueran trabajadores de Pedidos Ya. Ideme se había entregado el pasado 14 de junio pero la jueza de primera instancia Natacha Cabezas le dio la libertad por falta de pruebas.
En las últimas semanas, el fiscal de Homicidios de la causa, Gustavo Pirrello, incorporó en el expediente el resultado de algunos peritajes -principalmente de teléfonos celulares- y lo recolectado sirvió para volver a poner al Gordo Javi en la cima de la columna de sospechosos del caso y solicitó nuevamente su captura.
De esta forma, minutos después de las 8.30 y luego de haber sufragado e identificado con el número de orden 332, quedó detenido nuevamente.
Los efectivos lo derivaron hasta la Comisaría 25ª del citado departamento y en los próximos días será notificado de las nuevas pruebas en su contra. Fuentes policiales y judiciales detallaron a El Sol que pasará en el penal luego de este acto procesal.

Ejecutado desde la puerta de su casa
El prestamista Miralles fue asesinado durante la siesta del 9 de junio del año pasado en un departamento de calle Montecaseros 2850 de Capital. Hasta la escena llegaron dos jóvenes en una moto de baja cilindrada. Uno llevaba una caja de Pedidos Ya para intentar pasar desapercibidos por los vecinos de la zona y así lograr el objetivo de terminar con la vida del joven
La reconstrucción señala que un joven lasherino identificado como Pablo Herrera conducía y un menor de 16 años por aquellos días conocido como Chongo viajaba armado con una pistola calibre 9 milímetros detrás.
Llamaron a la puerta y Miralles se asomó por una ventana. Casi no le dieron tiempo a reacción: el menor disparó cinco veces y los plomos mataron a la víctima en cuestión de minutos. Testigos dieron aviso al 911 y a los pocos minutos el lugar se llenó de policías, médicos y funcionarios judiciales.
En la causa hay declaraciones e informes de la División Homicidios que sostienen la hipótesis de que un hombre identificado como Guillermo Emanuel Sosa, dueño de un corralón en Godoy Cruz, mantenía una deuda en dólares con la víctima desde hacía cuatro años, aproximadamente.
Al parecer, los números eran importantes en moneda argentina y alcanzaban los 20 millones de pesos. Los declarantes confiaron que escucharon decir que Miralles pedía hasta una casa como parte de pago.

De la investigación policial y judicial se desprende que Sosa, nacido el 29 de julio de 1981, habría decidido terminar con la vida de Miralles con la ayuda de su amigo cuevero y sospechado de estar involucrado en temas de venta de estupefacientes, quien también conocía a Miralles. Se trataba del Gordo Javi, quien de acuerdo a la nueva prueba también sería codeudor.
La instrucción agrega que Ideme, quien se movía por la galería Tonsa y habría estado involucrado en la compra y venta de moneda extranjera, ofreció a través de un hombre que trabajaba para él, Jorge Ballena Herrera -padrastro de un joven llamado Lucas Segovia, el sospechoso de entregar el arma-, “un kilo de merca” y dinero para que mataran a Miralles.
Segovia, con base en el barrio Amigorena de Las Heras y vinculado con la facción Los Hijos de Nadie de la barra brava de Huracán, se habría juntado horas antes con el Chongo y Pablo Herrera en los pasillos de la manzana D del citado complejo para terminar de cerrar el plan para asesinar a la víctima.
Un declarante, quien actualmente se encuentra bajo el programa de protección de testigos, fue quien observó ese encuentro entre los tres jóvenes y aportó datos claves en la causa. Brindó una serie de detalles que sirvieron para ir armando el rompecabezas de la teoría de los pesquisas.
La declaración a la que accedió El Sol sostiene que el testigo llegó a su casa del barrio Amigorena para almorzar pero previamente subió a un techo para buscar unas herramientas. En ese momento miró para el pasillo y observó a Lucas Segovia con una moto 110 roja. Al frente del manubrio se encontraba un primo de este joven, Pablo Herrera y detrás el menor conocido como Chongo.
El testigo protegido detalló que vio a Segovia pasarle el arma y que el chico la cargaba. Al mismo tiempo, confirmó que se colocaban la caja roja de Pedidos Ya. Antes de irse, escuchó decir al padrastro de Segovia que había un kilo de merca y plata por matar a una persona y los despidió al decirle “cuídense“.
En los tramos finales de su declaración, dijo que le comentó a su familia lo que había visto y oído y que, horas después, se enteró del crimen del prestamista en la Cuarta Sección cuando ingresó a su perfil de Facebook y leyó algunos diarios.
Agregó que dedujo que los autores habían sido los jóvenes que se reunieron previamente en el barrio porque las noticias hablaban de dos sujetos en moto como autores que se movilizaban con la caja de Pedidos Ya.
Por último, contó que horas más tarde se volvieron a juntar Pablo Herrera y el Chongo y escuchó decir que uno de ellos dijo “lo pusiste”.
Los últimos pasos del expediente del crimen
Tanto Sosa como el Ballena Herrera siguieron detenidos y la misma jueza Cabezas les dictó la prisión preventiva. Gracias a las nuevas pruebas incorporadas determinaron que tanto Sosa como Ideme era codeudores del dinero que exigía Miralles.
Debido a esto, la teoría sostiene que el plan fue matar a Miralles para así saldar la deuda.
Básicamente, Sosa e Ideme habrían ideado el ataque y le pidieron ayuda al Ballena, quien trabajaba para el segundo de los citados en el mundo de las cuevas de La Galería Tonsa, para que busque gente y reciba dinero a cambio de ejecutar la orden.
