Cada vez que un boxeador o alguien que se dedica de manera profesional a algún deporte de combate se ve envuelto en una pelea callejera o alguna situación de violencia, se habla de la famosa “mano prohibida“.
Esa expresión hace referencia a que los luchadores no deben protagonizar agresiones por fuera del ámbito deportivo. Incluso, hay quienes creen que eso puede significar un “agravante”, en caso de que cometan un delito haciendo uso de su cuerpo y sea imputado.
Pese a que sólo se trata de un mito urbano, ya que ni el Código Penal ni las federaciones de esas disciplinas imponen sanciones ejemplares a partir de ese tipo de casos, los peleadores profesionales suelen evitar verse envueltos en ese tipo de situaciones, más aún teniendo en cuenta la ventaja que tienen sobre cualquier ciudadano común.
Pero ese no es el caso del boxeador mendocino Alexis Ezequiel Alaniz, quien recientemente fue condenado en una causa de violencia de género por dos ataques físicos que le propinó a su ex pareja.
El púgil, que tiene 26 años y es profesional desde 2018, fue denunciado en dos ocasiones a comienzos de este año por la madre de sus tres hijas. La joven, de 27 años, sostuvo ambas presentaciones judiciales que había sufrido golpizas por parte de Alaniz.
La víctima habló con El Sol días después de padecer las agresiones, mientras su ex pareja se encontraba prófugo, aseguró que “siempre fue violento” y desde hace tiempo era blanco de sus maltratos, pero no se animaba a radicar la denuncia.
Al poco tiempo de que este diario dio a conocer el caso, Alaniz se entregó a las autoridades y quedó detenido. Fue imputado por lesiones graves dolosas y lesiones leves dolosas agravadas por el vínculo y por las relaciones de pareja.

Si bien los expedientes los comenzó a instruir la fiscal de Violencia de Género Mariana Pedot, se le terminaron acumulando su par de Delitos No Especializados Gabriel Blanco, ya que tenía imputado a Alaniz en dos causas de 2017 por unos enfrentamientos vecinales.
Finalmente, días atrás, en una audiencia que tenía como objetivo tratar la prisión preventiva contra Alaniz, la defensa llegó a un acuerdo con la Fiscalía para definir todo a través de un juicio abreviado inicial.
El boxeador fue sobreseído en las causas de 2017, pero reconoció las golpizas contra su ex pareja ante la jueza Natacha Cabeza, quien homologó el pacto entre las partes y dictó la sentencia por 3 años de prisión en suspenso.
Para mantenerse en libertad, se le fijaron a púgil una serie de estrictas reglas de conducta, tales como asistir a un programa de abordaje para varones condenados por casos de violencia de género y someterse a tratamiento psicológico y psiquiátrico.
Además, permanecerá con restricción de acercamiento hacia su ex y para controlar el cumplimiento de esa medida se le colocó una pulsera electrónica del Sistema Georeferencial de Monitoreo, Supervisión, Rastreo y Alerta, que también utiliza la víctima.
En primera persona
El relato que ofreció la víctima sostiene que una de las agresiones se produjo durante la tarde del 28 de febrero, cuando se encontraba junto a sus hijitas de 11, 6 y 2 años en su casa del barrio Los Cerros de Godoy Cruz.
Hasta ese lugar llegó Alaniz, con quien ya llevaba un tiempo separados. En medio de la visita a las pequeñas, el boxeador enfrentó a la joven e intentó quitarle su celular, ya que sospechaba que “se estaba escribiendo o viendo con alguien”.

La madre de las criaturas se negó y eso condujo a la agresión física. El púgil le propinó patadas, tirones de pelo y golpes de puño en todo el cuerpo y el rostro. Mientras la agredía, le decía: “A las putas como vos hay que matarlas”, sostiene la versión de la víctima.
Luego de eso, la joven decidió refugiarse en la casa de un familiar, quien la convenció de radicar la denuncia contra su ex, por lo que se dirigieron a una sede judicial y le reveló lo sucedido a las autoridades.
