A Patricio Emiliano Garrido, sus amigos lo llaman Negro. Nacido el 29 de marzo de 1994 y con domicilio en el barrio La Estanzuela, fue detenido a fines del 2012 acusado de cometer un  crimen en el Campo Papa y por un asalto en el parque San Vicente, ambas zonas godoicruceñas. Este joven es señalado en diversas investigaciones policiales y judiciales como uno de  los angelitos de la Yaqui, los jóvenes sicarios que responderían a las órdenes de la presunta jefa narco Sandra Jaquelina Vargas a cambio de armas, drogas y dinero. La mujer de 37 años  cayó detenida en Juana Koslay, San Luis, el mes pasado y luego fue imputada por venta de drogas, lavado de activos, asociación ilícita y falso testimonio en las justicias federal y local.

La víctima del asesinato fue Ricardo Sebastián López, un chico de 17 años que recibió tres tiros mientras se encontraba en la puerta de la casa de sus primos, sobre calle Presidente  Perón, en el sector 9. El Negro Garrido se sentó en el banquillo de los acusados de la Cuarta Cámara del Crimen y hace pocas horas zafó de ser condenado por el homicidio.

Los dos testigos clave del caso, quienes lo habían señalado en rueda de personas y también en la declaración que hicieron durante la instrucción que lideró el fiscal Gustavo Fehlmann, no lo hicieron en el proceso oral, y el debate se empantanó.

Sin la confirmación de los testigos, el fiscal de Cámara Gonzalo Nazar no pudo solicitar penas para  que sea condenado en esta causa.Lo que sí, se encontraron pruebas en la otra causa,  y Garrido fue sentenciado a 5 años de cárcel por un asalto en el parque San Vicente, perpetrado un mes antes del homicidio de López. A la víctima de ese hecho le dio un cachazo en la  cabeza para sustraerle una moto, y el tribunal, presidido por Horacio Baez, lo condenó por robo con arma impropia.

Siempre presente. Al Negro Garrido lo vinculan con los angelitos de la Yaqui por su estrecha relación con el otro acusado que tiene esta causa, Jonathan Brizuela, conocido por el alias de Jony Pecoso y por ser sobrino de la señalada jefa narco, hijo de su hermana María de los Ángeles. Además, testigos aseguraron en la causa que era el novio de Silvina Gelvez (21), la hija mayor de la Yaqui, también en un pabellón de la cárcel de El Borbollón por estar sospechada de integrar la organización criminal.

El Jony Brizuela no participó en este proceso oral porque fue detenido un mes después de que el fiscal Fehlmann elevara la causa a juicio. Cayó a fines de setiembre del año pasado en la  misma localidad puntana donde se ocultaba su tía, mientras conducía una camioneta marca Toyota Hilux valuada en 250 mil pesos.

Para el pesquisa judicial, el 10 de agosto del 2012 a las 18, dos sujetos que circulaban en moto y dispararon armas de fuego calibres 9 milímetros y 22 contra Ricardo Sebastián López, el Mono, quien se encontraba en la puerta de la casa de sus primos, donde vivía, después de lavar un auto y comprar cigarrillos. A la víctima, cuando ingresó al hospital Lencinas llevado  por su familiares, le encontraron entre sus ropas una pistola calibre 22 con municiones.

Uno de los proyectiles le atravesó el pecho y alcanzó a correr hasta los brazos de su hermano, Juan José López, donde finalmente murió. Fue este testigo el que reconoció como autores al Negro y al Jony. También lo hizo una mujer en rueda de reconocimiento. Sin embargo, en el debate oral, que duró poco más de tres semanas, ambos declarantes cambiaron su versión y dijeron no saber quiénes eran los agresores. “Existe temor en los testigos de hablar contra esta gente. Hay pruebas en un expediente de que fueron amenazados”, contó  ayer una fuente de la investigación.

Durante el juicio, la sombra de la Yaqui estuvo presente. Los testigos dijeron que el Negro Garrido era uno de los soldaditos que respondían a la mujer y agregaron que “estaba todo el  día junto al Jony, porque ambos eran de La Estanzuela”. Es más, aportaron que el objetivo de la organización era un primo de la víctima fatal, llamado Sergio Pavez. “La Yaqui  comentaba por la zona que ofrecía setenta mil pesos por su cabeza y un kilo de ‘alita’, osea cocaína pura, por su cabeza”, declaró un testigo del caso.

La muerte de tres soldaditos que respondían a la presunta jefa narco habría generado su reacción para quitarle la vida al hombre de apellido Pavez, en el medio de una guerra entre  bandas. “Suponen que ordenó la muerte de su primo el Mono para que el testigo bajara (vivía en una casa en el piedemonte) y así lo pudieran matar a él. Usó el crimen como un  señuelo”, contó ayer una fuente judicial.

El crimen del Mono López todavía no está cerrado. El próximo objetivo judicial es que el Jony Brizuela, a quien mencionan como el conductor de la moto de donde partieron los disparos  fatales, se siente en el banquillo de los acusados. Este joven está preso en San Felipe a la espera de que un juez de Garantías dicte o no la prisión preventiva que solicitó el fiscal Fehlmann.