El Kiki Rodríguez tenía 19 años e iba a ser padre.

En el barrio 26 de Enero de Las Heras muchos vecinos saben quién fue uno de los autores del asesinato del joven Orlando Ramón Rodríguez Rosales (19). Lo identifican con nombre y apellido y hasta hablan de su pasado carcelario. También hay algunos personajes y familiares de la víctima que han conseguido información detallada sobre el hecho de sangre ocurrido este lunes después de las 14 en el barrio Belgrano de ese mismo departamento, revelado por El Sol.

El problema es que no quieren hablar ante los investigadores judiciales y policiales para contar todo lo que saben. Allegados y parientes de Rodríguez Rosales, quien era conocido en los complejos de la zona y también en el oeste de Godoy Cruz como Kiki (varios allegados de ese departamento tenían una relación directa), declararon en el expediente que instruye la fiscal de Homicidios Andrea Lazo pero no aportaron datos relevantes que lleven a los homicidas.

Sin embargo, los pesquisas son optimistas y esperan que los próximos días haya novedades sobre el crimen. Por fuentes que hablaron con este diario, los asesinos del Kiki fueron los integrantes de una reconocida banda familiar dedicada a la venta de drogas y otros delitos que opera desde hace muchos años en la zona y mantiene una conexión directa con algunos de sus miembros que pasan sus días en la cárcel.

Los investigadores pidieron reserva para que no trasciendan pormenores de la instrucción porque atravesaba horas cruciales relacionadas con la incorporación de pruebas.

Esto porque no estaban cien por ciento seguros sobre el móvil del ataque. Apuntaban a una rivalidad entre conocidos por temas de drogas o territorialidad y también siguieron una pista inicial que apuntaba a un hecho que sufrió la madre de la víctima un día antes, cuando se metieron a su casa y le robaron algunas pertenencias. “O una mezcla de ambas”, explicaron.

Lo que es indudable es que el o los homicidas (no está claro si fueron uno o dos) tenían el objetivo de terminar con la vida del joven nacido el 23 de enero del 2005. Llegaron a matar y escaparon rápidamente. Utilizaron -al menos- una pistola calibre 9 milímetros y lo ejecutaron a corta distancia.

Cuando Policía Científica trabajó en la escena halló rastros hemáticos y 11 vainas servidas de ese calibre. Las pruebas fueron levantadas minutos después de un llamado al 911 e iban a ser analizadas y cotejadas por Balística entre este martes y miércoles para conocer si habían sido disparadas por la misma arma. No sólo eso: también buscaban saber si esa 9mm también dejó casquillos en otros hechos recientes.

La reconstrucción del homicidio sostiene que el Kiki Rodríguez Rosales se encontraba cerca de una casa en construcción en el barrio Belgrano entre calles Bufano (separa al barrio Estación Espejo o Cinco Mil Lotes) y Amanecer, cuando lo balearon. En principio, recibió ocho impactos de bala en la espalda, mentón, brazos y tórax. Un par de testigos alcanzaron a ver lo sucedido y luego ingresaron llamados al CEO.

Personal policial de la jurisdicción se dirigió hasta la barriada pero no encontró a la víctima. Los uniformados supieron que había sido trasladada hasta el Hospital Carrillo en un VW Polo modelo viejo, radicado en la ciudad de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, y que su estado revestía gravedad. Cuando fue asistido por una médica de guardia, confirmaron el deceso.

Como primera medida, el Ministerio Público ordenó el levantamiento de las vainas y peritajes en el auto. Luego se identificaron a los familiares y comenzaron a recibir testimoniales, ya que buscaban conocer un poco más sobre la vida del Kiki y la de su entorno.