Peritajes tecnológicos acompañados de declaraciones testimoniales y la preservación de la escena pueden ser en estos tiempos decisivos para encaminar una investigación penal ante el nacimiento de un hecho delictivo. Los autores van dejando “un rastro” de su modus operandi en cada paso que dan porque, simplemente, no existe el crimen perfecto, a pesar de todas las maniobras de planificación. Lo que existen son las instrucciones deficientes, pero la unión de los elementos recolectados en una causa permite obtener los resultados esperados en casi todos los casos.
En las barriadas de la localidad de Villa Nueva la conocen como la “envenenadora de Guaymallén”. Su nombre es Karen Leylen Oviedo Esquivel y nació el 30 de marzo de 1990. Cuando los policías de Investigaciones le dijeron que quedaba arrestada y también luego en el expediente, como así lo establece la ley, dijo que era comerciante.
Los casos que la mantienen tras las rejas tuvieron repercusión nacional porque la acusaron de perpetrar dos asesinatos de una forma poco usual y complicada de detectar. Las víctimas fueron su pareja, de 35 años, y el hijo de él, de 9.
Un análisis de su teléfono celular, lo que aportaron profesionales de la salud y también otros testigos, terminaron de derribar cualquier tipo de defensa que lanzó a la hora de acceder a la indagatoria.
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Esta mujer está presa desde los primeros días de febrero de este año, cuando la fiscal de Homicidios Claudia Ríos comprobó por diversas pruebas instrumentales y testimonios que le suministró de forma insidiosa etilenglicol a su pareja, Rolando Ángel Aquino Tejerina, en un vaso con agua o jugo de naranja, haciéndole creer que se trataba de un medicamento para las manchas de piel que tenía.
Aquino murió el 9 del citado mes en una clínica privada de Capital luego de descomponerse en su casa de calle Manuel A. Sáenz, y Oviedo terminó en la penitenciaría gracias a un trabajo investigativo que permitió conocer que había adquirido días antes un anticongelante para radiadores de vehículos a través de Mercado Libre, un producto cuyo principal componente es el etilenglicol, un químico altamente tóxico que es incoloro e inodoro.
Con el paso de los meses, la instrucción de la primera causa abrió las sospechas contra la mujer porque también habría suministrado etilenglicol al pequeño Elías Aquino cuando pasó unos días en la casa de su padre, en julio del 2019.
A pesar del transcurso del tiempo, un informe de Mercado Libre aclaró que también había adquirido el producto 10 días antes del fallecimiento del chico. Por todo esto, fue imputada por homicidio agravado por el vínculo y por haber sido cometido durante un procedimiento indicioso (también en el caso del menor), que podría costarle la pena de prisión perpetua.
En las últimas horas, la fiscal Ríos terminó la investigación penal preparatoria y elevó la causa a juicio. Si bien la defensa puede oponerse y el debate no tiene fecha confirmada (acorralada por las pruebas, podría pactar un abreviado antes), la clausura de la instrucción permitió conocer algunos detalles de los trabajos que se hicieron para confirmar en esta etapa del proceso el modus operandi de la “envenenadora de Guaymallén”, un caso revelado por El Sol.
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El inicio
El homicidio de Rolando Aquino tuvo una testigo clave: la empleada doméstica que tenía la pareja. Claudia Cortez fue quien les aportó a los investigadores que el 7 de febrero, entre las 17 y las 19, estuvo realizando tareas en el domicilio de calle Manuel A. Sáenz al 4173 de Guaymallén.
En un momento, describió a los investigadores judiciales que escuchó a Karen Oviedo decirle a su pareja que “tomara unas gotas y se durmiera”. Esa medicación era ácido kójico por su problema en la piel, como señaló la imputada. La testigo también advirtió que Aquino le dijo que no quería ingerirlas porque todo lo que ella le daba le hacía mal.
“Oviedo obligaba a que su concubino tomara las gotas”, aseguró. Cortez le preguntó a la sospechosa qué enfermedad presentaba Aquino, la respuesta fue que sufría apneas y que debía tomar pastillas para dormir, agregando que las gotas era para el cuidado de la piel.
La mujer contó que observó a Karen preparar un vaso con agua y que le agregó “un chorro” de líquido transparente que estaba en el interior de una botella de plástico. Se lo suministró y a los 10 minutos Aquino se sentó en la cama y comenzó a vomitar.
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La declarante aportó que notaba más preocupada a Oviedo porque los perros se comían el vómito del hombre más que por la salud de este. “Les decía a los perros que no comieran porque se podían enfermar”, señaló.
Esto afectó gravemente la salud de la víctima, motivando que fuera internada el citado día a las 22 en la Clínica Santa María de Capital. Aquino entró en coma a los pocos minutos y falleció el miércoles 9 a las 8.40.
A partir de ese momento, y ante las sospechas de la Justicia, se inició una investigación para conocer las causas del deceso. La historia clínica de Aquino fue fundamental para que la fiscal Ríos encaminara la instrucción.
De esta forma, surgió que el hombre ingresó al centro de atención médica “sin antecedentes patológicos, con alternación de conciencia, obnubilación, desorientación y vómitos”. Detectaron que presentaba piel hipopigmentada y que la acusada informó que la aparición de los síntomas fue posterior a la ingesta del ácido kójico.
Además, la víctima presentó episodio convulsivo tónico de corta duración repetidos en varias ocasiones y acidosis metabólica casi persistente.
Decretada la muerte, el personal policial que llegó a la clínica entrevistó a Oviedo y en ese momento surgieron las dudas. Hubo preguntas sin respuestas y un informe para acelerar la pesquisa. La mujer dijo que ambos habían ingerido un medicamento para la piel que habían adquirido a través de la página Mercado Libre.
Por orden de la representante del Ministerio Público, se ordenó la aprehensión de la mujer y el secuestro de su teléfono celular, un Motorola modelo One Fusion azul. Al mismo tiempo, se solicitó la realización de la correspondiente necropsia. El informe preliminar fue contundente: la causa del deceso fue por provocada intoxicación de etilenglicol.
Allí entró en juego la segunda etapa de la instrucción: la fiscalía convocó al especialista Sergio Saracco, jefe del Departamento de Toxicología del Ministerio de Salud y del Centro de Información Toxicológica de Mendoza.
Saracco explicó que fue consultado el 8 de febrero desde la Clínica Santa María por el cuadro de intoxicación que presentaba Aquino y que hubo un análisis de la historia clínica. Al constatarse que la víctima presentaba acidosis metabólica grave casi persistente, dijo que no era compatible con la ingesta de ácido kójico, agregando que las causas tóxicas que llevan a ese estado podían ser “el ácido saliscilico, metano, glicoles y metamorfina”.
“Aquino presentó un toxindorme compatible con la intoxicación por glicoles, entre ellos, etilenglicol”, expresó Saracco.
El informe médico, la necropsia y la declaración de Saracco, no hicieron más que coincidir en todo lo referido a los síntomas vinculados con la ingesta del citado químico que presentó la víctima, es decir, manifestaciones digestivas y neurológicas y “un cuadro de excitación inicial seguida de una posterior somnolencia progresiva, similar a un cuadro de embriaguez”.
Las declaraciones de testigos, más el estudio de la histórica clínica, fueron los pasos iniciales de la instrucción. Pero, lo que terminó de cerrar la historia del caso fueron los informes del análisis del teléfono celular de Oviedo y la respuesta a un oficio de la empresa Mercado Libre.
Entre el 28 de enero y el 3 de febrero –esta última fecha, cuatro días antes de la muerte–, la sospechosa compró etilenglicol a través de la página. Los detectives hicieron capturas de pantalla de la última de las compras y se adjuntaron al sumario judicial.
Por su parte, descubrieron que entre el 4 y el 9 de febrero, Oviedo hizo una serie de búsquedas a través de internet relacionadas con un acto “típico de un psicópata”, tal como advirtieron fuentes de la causa. El informe técnico fue suficiente para que la aprehensión se convirtiera en detención e imputación.
En detalle, los días y lo que buscó en Google:
4 de febrero, es decir, tres días antes del hecho.
–“…5 sustancias tóxicas que se encuentra…”;
– “…Cien veces peores que el arsénico: los…”;
– “…¿Cuál es el veneno más letal?…”;
– “…Un veneno amargo fácil de encontrar…”;
– “…Dicloruro de paraquat…”;
– “…Lección 76: Intoxicaciones…”;
– “…Los venenos más utilizados…”;
– “…Envenenamiento por etilenglicol…”;
6 de febrero, tres días antes del fallecimiento.
– “…Los venenos más utilizados por los…”;
– “…Sobredosis de paracetamol…”;
– “…Sobredosis de pentobarbital…”;
–“…Son 15 minutos. Dejas de respirar…”.
De la investigación surge que un día antes de que se confirmara la muerte de Aquino, mientras agonizaba internado en Terapia Intensiva de la clínica privada de Ciudad y los médicos intentaban determinar qué tipo de producto había ingerido, la imputada continuó con las búsquedas en la web. Siempre relacionadas con cómo matar a su pareja. Esa jornada consultó específicamente sobre el etilenglicol, el cual ya tenía en su poder.
– “…Envenenamiento por etilenglicol…”;
–“…Intoxicación por etilenglicol…”.
Finalmente, el día del deceso, es decir, el 9 de febrero, Ovideo tomó su teléfono por última vez. El objetivo fue borrar el historial de búsqueda. De los peritajes surgió que escribió en un buscador: “…Gestionar y eliminar el historial de búsqueda”.

El caso Elías
Mientras la fiscal Ríos y los investigadores policiales avanzaban en la incorporación de elementos probatorios contra Oviedo en el caso de Rolando Aquino, ya con prisión preventiva dictada, surgió la hipótesis de que la mujer podría ser autora de la muerte de Elías, el hijo de 9 años de su pareja.
Una serie de pruebas testimoniales que confirmaron la “obsesión” de Oviedo por cremar el cuerpo del niño y también un informe de Mercado Libre fueron suficientes para imputar a la sospechosa y mandarla a juicio.
El pequeño falleció el 12 de julio del 2019 en el Hospital Notti, justo cuando pasaba unos días en la casa de su papá y su concubina. Las circunstancias fueron poco claras y no hubo una investigación penal sobre el hecho.
Fue su mamá, Soledad Guardia, la que aportó a los detectives que tenía dudas sobre la muerte de su hijo. La mujer lo hizo luego de que se iniciara la causa contra Oviedo y era citada como la envenenadora de Guaymallén.
Guardia relató que se había separado de Rolando Aquino cuando Elías tenía 8 meses pero que ambos tenían buena relación. En sus detalles, dijo que el pequeño pasaba los fines de semana con su papá y también cuando había receso escolar.
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En julio del 2019, Elías se fue pasar las vacaciones con su papá. La progenitora detalló que su hijo nunca había tenido graves problemas de salud y así lo confirmó con una libreta de salud que acompañó como prueba.
El viernes 12 de julio, por intermedio de la abuela de la criatura, Rolando Aquino le informó a Guardia que el chico estaba en coma en el pediátrico de Guaymallén. Los médicos preguntaron si había ingerido alguna droga que lo podría haber dormido y la respuesta fue negativa. Básicamente, estaban frente a un niño sano que entró en coma repentinamente.
Con la declaración de la Guardia y con la imputación de la mujer, Ríos volvió a solicitar informes a Mercado Libre sobre la compra de productos como etilenglicol. Además, se analizó la histórica clínica de Elías, se convocó nuevamente al especialista Sergio Saracco y se recepcionó la declaración de una médica forense.
Al no poder realizarse una exhumación del cadáver por el paso del tiempo, las testimoniales y estudios de la histórica clínica fueron clave.
Saracco dijo que el niño ingresó al Notti presentando un mal estado en general, hipertenso, con dificultad respiratoria y transtorno de conciencia producto de una convulsión afebril y hemorragia digestiva alta, agregando que presentaba una disfunción renal. Este fallo multiorgánico le provocó la muerte.
Para el profesional, no hubo de dudas de que se estaba en presencia de un cuadro de intoxicación por metanol o etilenglicol.
En esta parte de la instrucción tuvo trascendencia el informe de la empresa Mercado Libre. De este surgió que Ovideo realizó dos compras de etilenglicol y solicitó el envío del producto a su domicilio diez días antes de la muerte del chico.
La defensa
Karen Oviedo declaró en la ambas causas y aseguró que es inocente. Sin embargo, para el Ministerio Público “recurrió a una estrategia defensiva nefasta y perversa”.
La mujer dijo que Rolando Aquino era muy celoso y que le revisaba el teléfono y que él había comprado “ese veneno” porque era muy depresivo. Sin embargo, no existe en la causa ningún elemento de prueba que confirme que el hombre tenía conductas suicidas.
Oviedo dijo que se enteró de la compra porque Aquino dejó el teléfono arriba de la mesa y ella vio los movimientos que hizo y agregó que había sido el motivo para las búsquedas que hizo por internet.
Con respecto a la muerte de Elías, también se desligó de las acusaciones y dijo que no recordaba haber insistido para que cremaran el cuerpo, tal como lo declararon los testigos.

