En mayo de 2019, Diego Gerardo Ogas (32) salió de la cárcel después de la Justicia le otorgó el beneficio de la libertad. Estaba purgando un castigo de 9 años de prisión por una condena por un robo y lesiones graves, ambos hechos agravados por el uso de arma de fuego.

El 19 de noviembre de 2021, cumplió la pena que le habían impuesto mientras gozaba de su libertad, pero sólo tardó 10 días en volver a tener problemas con la ley.

Ver también: La historia del ex convicto que tenía hartos a sus vecinos y amenazaba con matar a policías

El lunes 29 de ese mes, vecinos del barrio Virgen del Carmen, Guaymallén, lo denunciaron porque estaba a los tiros en la vía pública.

Cuando policías llegaron a lugar, el entonces ex convicto se atrincheró en su casa y amenazó con matar a policías. Tras varias horas de negociación, se entregó a las autoridades y regresó a la cárcel. Este miércoles, poco más de tres semanas después, la Justicia lo condenó por ese hecho.  

Fue mediante un juicio abreviado inicial que arreglaron entre el fiscal de Delitos No Especializados Juan Manuel Sánchez y la defensa. A través del mismo, Ogas debió reconocer la autoría en los delitos de portación ilegal de arma de fuego y resistencia a la autoridad, que le habían imputado. 

El juez Diego Flamant, del Juzgado Penal Colegiado Nº 2, homologó el acuerdo entre las partes y lo sentenció a dos años de prisión. 

En tiempo récord, Ogas fue condenado tras verse acorralado por las contundentes pruebas que había reunido la Fiscalía. 

Entre ellas, estaban las declaraciones de vecinos, el barrido electrónico positivo, los informes de los policías que realizaron las negociaciones cuando se atricheró y el arma que fue incautada en su domicilio.

Tensión en Guaymallén

Corrían las 7 del lunes 29 de noviembre y una serie de detonaciones sorprendieron a los vecinos del Virgen del Carmen, en Rodeo de la Cruz. 

Ante eso, los lugareños dieron aviso a la línea de emergencias 911 y policías se desplazaron hasta el lugar. Cuando llegaron, observaron a Ogas armado en plena vía pública. 

Pero apenas fueron a identificarlo, el sospechoso ingresó a su domicilio de la manzana C. Una vez dentro de la vivienda, comenzó gritar que iba a matar a un policía si intentaban entrar. 

Debido a que se trataba de una situación crítica, porque el sujeto no desistía su actitud, le dieron intervención al Grupo Especial de Seguridad (GES) y al Grupo de Resolución de Incidentes y Suicidios (GRIS).

A partir de allí iniciaron las negociaciones entre el personal del GRIS y Ogas. Alterado, vociferaba: “En mi casa no van a hacer nada, me vienen a faltar el respeto. Que se vayan todos porque me voy a comer a uno”

Más allá de eso, el hombre permitió que saliera de la vivienda su hermano, su cuñada y los hijos de ellos. Si bien sus familiares no estaban en calidad de rehenes, los policías prefirieron resguardarlos ante cualquier inconveniente que pudiera surgir. 

En el inmueble sólo quedó Ogas y su madre, quien ayudó con la mediación. De esa forma, tras más de dos horas, entre la progenitora y el negociador convencieron al sospechoso de entregarse a las autoridades.  

Tras eso, del interior de la casa se incautó la pistola Bersa calibre 22 de Ogas, una planta de marihuana y un frasco de semillas de cannabis.