Actúan desde hace casi una década en los barrios Congreso y Progreso de Rodeo de la Cruz, Guaymallén, y alrededores. Su blanco preferido son los vecinos de la zona, que están hartos de padecer su accionar delictivo. Algunos lugareños optaron por mudarse para dejar atrás las constantes amenazas, tiroteos y asaltos, entre otros hechos.
Se trata de los Riquelme, la banda familiar que no para de delinquir y es considera la más peligrosa del departamento por los detectives policiales.
Quienes los conocen aseguran que son extremadamente problemáticos y violentos. Actúan siempre en conjunto, valiéndose de armas de fuego y hasta chalecos antibalas.
En los últimos años, estuvieron en la mira por, al menos, tres homicidios. De esos hechos de sangre, dos terminaron en condena: el asesinato en un asalto de Diego Carlos Quispe Ríos y el posterior femicidio de su pareja María Gisela Villafañe.
Al tratarse de una familia numerosa, pese a las detenciones y sentencias en contra de sus integrantes, la gavilla siempre tiene “soldaditos” en las calles y continúa sumando acusaciones.

Este año se dio la particularidad de que gran parte de la columna vertebral de la organización, conformada por los hermanos Sosa Meza se encontraba tras las rejas, imputados por delitos de gravedad. Eso incluyó a su madre y señalada líder, Viviana Teresa Meza Riquelme.
La mujer fue detenida en abril por un intento de asesinato, pero la semana pasada una jueza la liberó, mediante el pago de una caución, al considerar que no había elementos suficientes para dictarle la prisión preventiva.
Mientras esto sucede en los Tribunales locales, la mayoría de sus hijos continúan en la cárcel: Eduardo Ernesto, Andrés Guillermo, Maximiliano Luis, alias Gulita, y Matías Joel, apodado el Narigón.
Los únicos Sosa Meza que permanecen en libertad son el Chingolo y el Carita de liebre, quienes están mencionados en algunas causas, pero son menores de edad, y su hermana, quien no ha sido mencionada como partícipe de los movimientos de la banda.
Días atrás, la joven se lamentó por la situación de encierro de su madre y sus hermanos a través de su perfil de Facebook. Luego, cuando su progenitora regresó a las calles, subió una foto de ambas festejando.

Pero la alegría de la familia Sosa Meza por la liberación de su matriarca se transformó en preocupación para los policías que trabajan en ese sector guaymallino, quienes están atentos a la actividad de la mujer y a las familias que han sido amenazadas por los Riquelme las últimas semanas, confiaron fuentes investigativas.
Uno por uno

Tiene 47 años y los pesquisas la sindican como la cabeza de la gavilla, que lleva como nombre su apellido materno por el peso que solía tener en la zona.
Es respetada por sus hijos, sobrinos, amigos de estos y hasta algunos vecinos que suelen involucrarse con la banda. Habitualmente, los jóvenes siguen sus directivas, aunque en otras ocasiones actúan con total autonomía, explicaron las fuentes policiales consultadas.
El pasado 9 de abril, la mujer fue señalada como partícipe de un doble ataque en el barrio Buenos Vecinos de Colonia Segovia, donde reside su ex pareja Hugo Javier Altamirano Maure.
En esa oportunidad, el hombre comenzó a discutir con un vecino en la manzana D. En medio del altercado, intervino un menor de 17 años -familiar de Meza Riquelme-, quien portaba un arma tumbera y le propinó un disparo a la víctima en el abdomen, de acuerdo con la reconstrucción que hicieron los detectives del caso.
Pero es no fue todo, minutos después, Altamirano y el adolescente iniciaron un entredicho con otro vecino, señalándolo como autor de un hecho delictivo.
De acuerdo con la investigación, que lidera la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, los dos sospechosos comenzaron a agredirlo con cuchillos tipo facón. A la agresión se sumaron Meza Riquelme y otro sujeto, que no fue identificado, quienes le propinaron varios golpes en el cuerpo a la víctima.
En un momento, el hombre logró escapar y le dio aviso a policías que estaban patrullando la zona, por lo que detuvieron a los presuntos atacantes.
La semana pasada, Meza Riquelme enfrentó la audiencia de prisión preventiva, pero la jueza Eleonora Arenas, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1, determinó que el grado de participación que tuvo la mujer en el hecho no fue suficiente como para mantenerla tras las rejas, de acuerdo con los fundamentos, y le otorgó la libertad mediante el pago de una fianza real de 50 mil pesos.
Pese a eso, la Fiscalía apeló el fallo de la magistrada y deberá ser un Tribunal Penal Colegiado el que defina si la mujer sigue libre o debe volver al penal.

Conocido como el Eduard, tiene 31 años y se hizo fama de tatuador carcelario durante sus varios pasos por penales mendocinos. En 2017 volvió a las calles y a los pocos meses fue sindicado como autor del homicidio de Carlos Diego Quispe Ríos (36).
El crimen ocurrió el 20 de noviembre de 2017, cuando la víctima circulaba en moto junto a su pareja Gisela Villafañe, la joven que luego sería asesinada en 2019.
Lo cierto es que la pareja fue interceptada en el interior del barrio Cocucci por dos motochorros, quienes los amenazaron con un arma de fuego y les exigieron que entregaran su moto.
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Quispe se resistió al robo y terminó recibiendo un balazo en el pecho. Fue internado en el Hospital Central y murió cinco días después producto de la herida.
Desde un principio Villafañe, que se transformó en testigo clave de la causa, marcó con matador al Eduard, pero su captura no fue fácil.

Durante más de un año, el mayo de los Sosa Meza estuvo más prófugo. Lo terminaron capturando en diciembre de 2018 en la Galería Tonsa de Ciudad, después de ocultarse en el McDonalds de avenida San Martín.
Si bien fue imputado por homicidio criminis causa por el fiscal Carlos Torres y arriesgaba una pena perpetua, a mediados de 2019 acordó una condena por 14 años de cárcel y reconoció la autoría durante un juicio abreviado. El debate se hizo dos meses después del femicidio de Villafañe.

Andrés Guillermo tiene 29 años y se encuentra cumpliendo una condena de seis años y ocho meses en prisión por una batería de delitos: tres robos agravados, un abuso de armas y una portación ilegal de arma de fuego.
Por esos hechos, ocurridos entre 2013 y 2016, fue condenado a través de un juicio abreviado que se celebró en diciembre de 2020, cuando aún era investigado el femicidio de Villafañe.
En el comienzo de la instrucción por el crimen de la joven, quedó comprometido porque se encontraron restos de su semen en el cadáver de la joven.
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Con esa prueba, los pesquisas del caso apuntaron a un abuso sexual seguido de homicidio, pero esa hipótesis se cayó porque testigos del círculo íntimo de chica sostuvieron eran amantes y habían mantenido relaciones consentidas antes del hecho de sangre.
Así las cosas, Andrés Sosa Meza quedó desvinculado de la causa y terminó formando parte de los testigos que declararon en el debate.

El joven conocido como el Gulita, de 25 años, tomó relevancia a mediados de 2018, cuando se transformó en el principal sospechoso del asesinato de su padrastro, Marcos Darío Fernández Torres (40), alias el Tucumano.
El hombre fue ultimado a puñaladas el domingo 1 de abril de ese año, luego de del cumpleaños de un familiar al que había asistido junto a Viviana Meza y sus hijastros, entre los que se encontraba Maximiliano Luis.
Cuando los detectives iniciaron las averiguaciones en la escena, en el barrio Congreso, un testigo señaló al hijo de la mujer como el atacante.
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El Gulita se mantuvo varios meses prófugo y hasta se sospechaba que se movía por diferentes viviendas de familiares junto a su hermano, Eduardo, quien por aquel entonces aún era buscado por el crimen de Quispe.
Finalmente, Maximiliano Sosa Meza cayó en febrero de 2019, pero meses después los testimoniales en su contra se cayeron y al año siguiente fue sobreseído.

Pero su estadía en las calles duró poco, ya que a mediados de abril de 2020 lo acusaron de balear a un hombre al que le había robado.
En ese hecho, que fue publicado por El Sol, la víctima fue a recuperar sus pertenencias, puesto que se enteró de que los ladrones las habían acopiado en la casa de una vecina del barrio Progreso.
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Mientras el hombre y su hermana retiraban los objetos del lugar, el Gulita llegó junto a su primo Alexander Rodrigo Corzo Meza, alias el Bartolito, y le propinaron un disparo en el abdomen.
Días después, los dos sospechosos y otros familiares continuaron con amenazas contra la familia del baleado. Incluso, de las denuncias surge que Andrés Sosa Meza le envió desde la cárcel mensajes intimidatorios a una sobrina de la víctima.
Así, el Gulita regresó a prisión y quedó a disposición del fiscal Gustavo Pirrello, a quien se le acumularon otras tres causas en las que se encontraba imputado.
El primero de esos hechos fue un asalto domicilio en una casa de calle Congreso, ocurrido en febrero de 2018. En ese expediente consta que Maximiliano Sosa Meza actuó junto a Humbertito Navia y su cuñado Franco Darío Fernández Altamirano (pareja de su hermana).
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En agosto de ese mismo año quedó sospechado de un asalto en calle Sarratea, en la que empujó a una ciclista, la amenazó de muerte y le robó una cartera y el rodado.
Mientras que, en enero de 2020, lo sindicaron de cometer un robo en una vivienda del barrio Pascual Lauriente, donde habría participado su hermano el Chingolo. Pero debieron abandonar los elementos sustraídos porque los moradores de la casa los descubrieron.
Así, por esos dos robos agravados, el robo simple en grado de tentativa, el homicidio en grado de tentativa contra su vecino y las posteriores amenazas a los familiares del hombre, lo condenaron a cinco años y seis meses de encierro luego de reconocer la autoría en un juicio abreviado.

Matías Joel tiene 20 años y sus primeros roces con la Justicia se remontan a cuando era menor de edad.
El 27 de mayo de 2019, con sólo 17 años, fue detenido cuando junto a una joven, identificada como Melisa Estefanía Osorio, por un asalto en la Lateral Sur del Acceso Este.
La información sostiene que un hombre que iba pasando frente al Templo Rosacruz fue interceptado por los dos malvivientes, quienes bajo amenazas le robaron el celular y la billetera.
Pero policías que pasaban por la zona fueron alertados por la víctima y lograron atrapar a los sospechosos a unos 400 metros.
El Narigón quedó a disposición de la Justicia Penal de Menores, que lo dejó al cuidado de su familia.
Al año siguiente, Matías Joel fue mencionado como uno de los hermanos del Gulita que amenazaron armados a la familia del hombre baleado en el barrio Progreso.
Por último, el Narigón fue detenido a fines de marzo por un homicidio en grado de tentativa al tío de la víctima de un asalto, en el que fue sindicado su hermano el Chingolo.
La reconstrucción indica que la noche del 19 de marzo, un grupo de seis malvivientes abordaron a un joven y, bajo amenazas con arma de fuego, le robaron una moto Corven 150cc.
Los maleantes escaparon con el rodado en su poder, pero la víctima reconoció al Chingolo como uno de ellos.
Por eso, junto a su tío fue a reclamarles la moto a la casa de los Sosa Meza. Fue allí cuando apareció en escena el Narigón, quien portaba un arma tumbera y le propinó al familiar de la víctima del robo un disparo en el pecho.
El lesionado quedó, de 22 años, quedó varios días internado en el Hospital Central a raíz del ataque y el presunto atacante fue capturado días después.
A fines del mes pasado, la Justicia le dictó la prisión preventiva al Narigón en ese expediente.

Tiene 17 años –alcanzará la mayoría de edad en agosto– y se encuentra sospechado por asalto que desembocó en el ataque armado al tío de la víctima y por el que está detenido su hermano el Narigón.
También lo señalaron como uno de los menores que amenazó a una familia en el 2020, causa por la que fue condenado el Gulita.

Es el menor de los hermanos Sosa Meza y uno de los pocos que queda en libertad.
Estuvo mencionado entre los hermanos del Gulita que amenazaron con armas a vecinos en el 2020.

Sus primeras historias policiales también se remontan a su época de menor de edad. Con 17 años, en setiembre de 2018 se hizo conocido por balear a un joven junto a su novia y su hijo, que era tan sólo un bebé, en el barrio La Palaya de la localidad de Kilómetro 11.
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Asimismo, en 2020 participó junto al Gulita en el ataque y posteriores amenazas contra los vecinos a los que le habían robado, tal como se desprendió de las investigaciones que le iniciaron.
Por ese último hecho y otras causas lo condenaron a 5 años de encierro durante un juicio abreviado el 24 de noviembre de 2021.

Tiene 23 años y es pareja de la hija de Viviana Meza, con quien tiene un hijo. Actualmente se encuentra en libertad.
En 2018 participó junto al Gulita y el Humbertito Navia en el asalto a vecinos de calle Congreso.
También estaba imputado por un robo agravado por escalamiento, ocurrido en 2019.
Por esos dos hechos fue condenado a tres años de ejecución condicional en octubre de 2020.

El Humbertito, de 22 años, se sentó el lunes en el banquillo de los acusados por el femicidio de Gisela Villafañe y el jueves fue condenado a prisión perpetua.
En los alegatos de apertura, el fiscal Pirrello argumentó que Navia mató a la joven porque era pareja de su padre y lo usaba para sacarle dinero. Mientras que la defensa sostuvo que era inocente y que las únicas pruebas que lo comprometían eran “rumores de conventillo”. Aunque el jurado se inclinó por los argumentos de la Fiscalía.
Navia llegó con una sentencia sobre su espalda al juicio, ya que en agosto de 2021 lo condenaron a cinco años y seis meses de cárcel por cinco causas: dos robos agravados, dos robos simples y unas amenazas agravadas por el uso de arma.

Ex pareja de Viviana Meza. Fue detenido por el intento de asesinato a un hombre en el barrio Buenos Vecinos de Colonia Segovia, donde tiene domicilio.
Por esa causa, la presunta líder de los Riquelme quedó en libertad.
