Rodolfo Bullones (61) fue baleado el domingo, momentos antes de irse a trabajar. Sintió unos ruidos en el frente de su casa, ubicada en en barrio Lihué de Guaymallén, se asomó por la ventana y recibió dos tiros.

El miércoles por la mañana dejó de respirar en el Hospital Central debido a la gravedad de las lesiones que sufrió. Su familia no encuentra explicaciones ni entiende por qué fue atacado. “Lo único que hacía era trabajar”, afirmaron. 

Rodolfo, padre de seis hijos, era changarín y trabajaba todos los días. Entre semana, en la feria de usado de Guaymallén y los sábados y domingos en un mercado similar de Ugarteche.

Justamente a ese distrito de Luján debía ir el día que fue atacado. Eran las 6 del domingo, Bullones ya había amanecido y se preparaba para otra jornada laboral.

En ese momento escuchó ruidos en el frente de su vivienda, localizada en la manzana 5 del Lihué sobre calle Las Rosas. Cuando se asomó por la ventana, dos balas impactaron en su cuerpo: una en el pecho y la otra en el brazo.

El ataque ocurrió en la casa 15 de la manzana 5 del popular barrio guaymallino.

El hombre vivía con su hijo, ya que su esposa falleció hace 5 meses por causas naturales. El hijo estaba durmiendo en ese momento. Nadie vio al agresor.

La Policía llegó momentos después pero poco hicieron, contaron los familiares ayer durante el velorio. “Sólo entraron, miraron y se fueron. No les importa”, aseguró un familiar en diálogo con El Sol.

La ambulancia del Servicio de Emergencia Coordinado trasladó al herido al Hospital Central. Allí estuvo luchando por su vida durante tres días, pero las heridas eran demasiados graves y falleció el miércoles a las 8.30.  

La tarde de ayer, su familia comenzó a despedir sus restos en la misma casa donde fue acribillado. Pasadas las 14, decenas de vecinos se acercaron a despedirlo. 

“Lo querían todos, hace más de 30 años que vive en el barrio”, aseguró su hija Yésica.

La mujer dijo que a su padre no le robaron en el momento del ataque y también descartó un posible ajuste de cuentas. “Era trabajador, buena persona, buen vecino y no se metía con nadie, lo único que hacia era trabajar”, dijo. Y agregó: “Los compañeros de trabajo ya le prepararon el nicho” en ese lugar “donde trabajó toda su vida para mantenernos”, relató Yésica.

Además de ella, varios allegados y familiares confiaron que la presencia policial en el lugar es prácticamente nula y que los móviles no se meten a patrullar al interior de barrio.

Cuando se les consultó si piensan realizar algún tipo de reclamo para pedir justicia por el crimen, Yésica contó que todavía estaban procesando la muerte de su madre, que ocurrió hace pocos meses, “y ahora pasó esto”, por lo que aún no han determinado eso.

“Estuvimos los últimos días encerradas en el hospital, acompañándolo, no sabemos nada de lo que pasó ni quiénes fueron”, finalizó la mujer.

La causa, hasta el cierre de esta edición, no tenía detenidos. Tampoco sospechosos. Además, no estaba claro el móvil del ataque.